Inauguran en Islandia la planta de captura de carbono más grande del mundo

Inauguran en Islandia la planta de captura de carbono más grande del mundo

El sistema elimina de forma segura el CO2 del aire, lo mezcla con agua y luego lo bombea a gran profundidad, donde queda atrapado en la piedra a través de un proceso de mineralización natural

martes 21 de septiembre de 2021

Denominada Orca, la planta de captura de carbono fue inaugurada recientemente por Climeworks, una empresa de captura de carbono con sede en Zúrich. Tiene la capacidad de capturar 4000 toneladas de CO2 al año y se encuentra en una zona rural al este de Reykjavik, adyacente a la planta de energía geotérmica Hellisheioi.

Innovación en la lucha contra el cambio climátivo

Su diseño ha sido realizado para para ser compacta, con una huella física mínima y modular, lo que significa que podría replicarse fácilmente en diferentes sitios en todo el mundo. Además, funciona con energía renovable proporcionada por la planta de energía geotérmica cercana.

“Estamos orgullosos, emocionados y más que encantados de haber llegado a esta etapa de nuestro viaje para revertir el cambio climático”, ha comentado Christoph Gebald, codirector ejecutivo y cofundador de Climeworks

Orca, la planta de captura de carbono del aire

Orca, la planta de captura de carbono del aire

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Unión de esfuerzos e innovación

A pesar de que lograr emisiones globales netas cero es todavía un largo camino por recorrer, es cierto que, con proyectos como este, se dan pasos importantes hacia la consecución de este objetivo.

La empresa Climeworks ha logrado la apertura de esta planta de captura de carbono gracias a un acuerdo con Carbfix, pioneros en almacenamiento de carbono y ON Power, el proveedor de energía geotérmica de Islandia. Una unión de esfuerzos e innovación que han hecho posible que Orca sea una realidad.

 Su funcionamiento se basa en unos grandes ventiladores que ‘chupan’ aire, haciéndolo pasar por unos filtros capaces de ‘atrapar’ el CO₂. En el momento en que están saturados, se calientan a altas temperaturas para que liberen el dióxido de carbono concentrado.

Luego, se mezcla con agua, donde se disuelve y se inyecta en la roca basáltica situada a 1 km de profundidad, donde se mineraliza.

Repercusión climática y acciones futuras

Si bien es cierto que su repercusión climática será limitada, es una iniciativa necesaria para seguir mejorando y avanzando en su desarrollo, acercándonos cada vez más a la eliminación de carbono necesaria y esencial para lograr los objetivos climáticos del pasado Acuerdo de París.

Además, probar que esta tecnología es efectiva permitirá que surjan nuevas iniciativas y que el coste económico de retirar CO₂ de la atmósfera disminuya. Esto permitirá realizar estos mismos proyectos a mucha mayor escala, de forma más eficiente y efectiva.

Lógicamente, emitir una tonelada de CO₂ y luego retirarla es mucho peor para el medioambiente que no haberla emitido en primer lugar, pero dadas las circunstancias, es una de las vías de las que disponemos para reducir y limitar la cantidad de dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera.

Una buena noticia que nos hace ver que la tecnología no sólo puede ayudarnos a salvar el planeta, sino que ya lo está haciendo. Si te ha gustado este artículo, seguro que te interesa conocer la historia del joven que puede acabar con la pesadilla de los microplásticos.

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