King’s College Hospital ha creado un espacio en la azotea donde pacientes en cuidados críticos pueden recibir soporte vital completo mientras disfrutan de aire libre, luz natural y vegetación.
King’s College Hospital, en Londres, ha abierto el primer jardín exterior en azotea de Reino Unido diseñado específicamente para pacientes de cuidados críticos. El espacio, situado sobre la unidad de 60 camas del hospital, permite que personas gravemente enfermas puedan salir al aire libre sin desconectarse de los sistemas esenciales de soporte vital. La iniciativa busca mejorar no solo la atención médica, sino también la experiencia humana de pacientes, familias y profesionales, incorporando los beneficios de la naturaleza a uno de los entornos hospitalarios más complejos.
Naturaleza terapéutica
El jardín tiene espacio para hasta seis camas y ha sido concebido como una extensión real de la unidad de cuidados críticos. Cada paciente puede colocarse cerca de armarios médicos impermeables especialmente diseñados, que contienen conexiones de electricidad, datos y gases medicinales.
El hospital también destaca que el contacto con la naturaleza puede contribuir a reducir síntomas como alucinaciones o delirium.
Esto permite mantener una atención intensiva completa mientras la persona recibe luz natural, respira aire fresco y permanece rodeada de vegetación. La idea no es sustituir la tecnología médica, sino integrarla en un entorno más amable.
El proyecto, valorado en 2 millones de libras, ha sido financiado en gran parte por King’s College Hospital Charity, junto con aportación del propio hospital. Para Iona Joy, directora de subvenciones e impacto de la organización, se trata de un proyecto “sobre dignidad, humanidad e innovación”.
El equipo de cuidados críticos también utilizará el espacio para investigar cómo la exposición al aire libre, la luz solar y las plantas puede reducir el estrés, bajar la presión arterial y mejorar el bienestar de pacientes, familiares y personal sanitario.

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Recuperar humanidad
Los pacientes de cuidados intensivos suelen pasar largos periodos en espacios cerrados, rodeados de máquinas, alarmas y luz artificial. Esa experiencia puede resultar dura tanto física como emocionalmente, especialmente en personas que atraviesan ingresos prolongados o procesos de recuperación complejos.
El doctor Teddy Tun Win, consultor de cuidados críticos en King’s College Hospital, explica que los pacientes necesitan recuperar sus ritmos de día y noche, recibir estímulo y sentirse animados durante la rehabilitación. “La vegetación realmente ayuda”, resume.
El hospital también destaca que el contacto con la naturaleza puede contribuir a reducir síntomas como alucinaciones o delirium, un estado agudo de confusión que puede aparecer en pacientes hospitalizados por enfermedad grave, infección o trauma.
Este jardín demuestra que incluso la medicina más avanzada puede hacerse más humana. Llevar a pacientes críticos al exterior, sin renunciar a la seguridad ni al soporte vital, abre una nueva forma de entender la recuperación: una en la que la ciencia, la tecnología y el bienestar emocional trabajan juntos.
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