Ver el atardecer podría mejorar el ánimo, el sueño y la sensación de bienestar

Ver el atardecer podría mejorar el ánimo, el sueño y la sensación de bienestar
Ver el atardecer podría mejorar el ánimo, el sueño y la sensación de bienestar

Hay hábitos saludables que requieren tiempo, dinero o mucha constancia. Y hay otros que están ahí, gratis, cada día, aunque casi nunca los tratemos como un pequeño acto de cuidado. Ver el atardecer pertenece a ese segundo grupo. Más allá de lo bonito del momento, distintas investigaciones sugieren que contemplar la caída del sol puede aportar beneficios psicológicos y fisiológicos muy reales. El asombro que despierta un cielo cambiante ayuda a salir del bucle de preocupaciones, a ganar perspectiva y a sentirse más conectado con algo más grande que uno mismo. Y, además, la luz natural de esos momentos actúa como una señal importante para el reloj biológico. En otras palabras: mirar cómo termina el día puede ayudar también a vivirlo un poco mejor.

Asombro y calma

Una de las claves está en el sentimiento de asombro. Estudios sobre amaneceres, atardeceres y otros fenómenos naturales han visto que estas experiencias elevan la percepción de belleza, despiertan admiración y mejoran la valoración del entorno, incluso en escenarios urbanos que normalmente nos parecen mucho menos atractivos.

La exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, ayuda a sincronizar mejor el cuerpo con el ciclo de 24 horas.

Ese asombro no es solo una emoción bonita. También puede tener efectos muy útiles sobre la salud mental. La psicóloga Michelle Shiota, investigadora del asombro en Arizona State University, explica que una de sus propiedades más constantes es “la sensación de ser pequeño, de que los problemas personales y la vida propia son insignificantes en el gran esquema de las cosas”, algo que puede resultar muy beneficioso para la salud mental porque ayuda a relativizar el malestar cotidiano.

En esa misma línea, investigaciones citadas por la Universidad de Exeter muestran que amaneceres y atardeceres generan aumentos claros en el asombro y en la percepción de belleza, hasta el punto de que los investigadores plantean que fomentar este tipo de experiencias podría formar parte de estrategias de bienestar basadas en la naturaleza.

El atardecer, ese pequeño hábito gratuito que puede sentarle bien al cuerpo y a la mente

Reloj interno

Pero hay más. La luz natural no solo afecta al ánimo: también ayuda a ajustar el ritmo circadiano, es decir, el reloj interno que regula sueño, vigilia, energía y muchas otras funciones del cuerpo. Según explica el oftalmólogo Jay Neitz, de la Universidad de Washington, nuestro sistema visual utiliza el contraste de tonos anaranjados y azules propio del amanecer y el atardecer como una especie de detector natural del momento del día.

Cuando no recibimos esas señales de forma suficiente, nuestro reloj biológico puede desajustarse con más facilidad. Por eso la exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, ayuda a sincronizar mejor el cuerpo con el ciclo de 24 horas. Y contemplar también el final del día puede reforzar esa sensación de orden temporal, además de influir en zonas cerebrales relacionadas con el estado de alerta y el ánimo.

No hace falta estar en una playa paradisíaca ni en la cima de una montaña. Parte de lo interesante de estas investigaciones es que subrayan que el efecto también aparece en entornos cotidianos, incluso urbanos. Es decir, no siempre hace falta escaparse muy lejos para recibir un pequeño beneficio de la naturaleza.

Y quizá ahí esté lo mejor de esta historia: que una práctica tan sencilla como levantar la vista al final del día puede convertirse en una pausa real de bienestar. No sustituye a otros cuidados, pero sí recuerda algo importante: a veces lo que más ayuda también es lo más accesible.

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