Un equipo científico en China ha desarrollado láminas flexibles de micelio que conservan actividad biológica y pueden incorporar funciones como color, protección ultravioleta y una superficie que repele líquidos. El material es todavía un prototipo de laboratorio y no ha demostrado que pueda sustituir el lavado o la reparación habitual de la ropa.
Un equipo de los Institutos de Tecnología Avanzada de Shenzhen, pertenecientes a la Academia China de Ciencias, ha creado una plataforma para fabricar textiles vivos a partir del micelio de Cordyceps militaris. El trabajo, publicado en Science Advances, busca resolver uno de los principales problemas de los materiales elaborados con hongos: conseguir una estructura resistente sin eliminar las células que le permiten responder al entorno.
Los procesos empleados habitualmente para estabilizar el micelio suelen recurrir al calor, al secado intenso o a tratamientos químicos que reducen su actividad biológica. En este caso, los investigadores cultivaron el hongo en un medio líquido hasta que formó pequeños agregados de filamentos entrelazados. Después los colocaron en moldes y los secaron mediante un procedimiento suave.
Después, los colocaron en moldes y los secaron mediante un procedimiento suave. Como las primeras láminas resultaban quebradizas, añadieron glicerol para mejorar su flexibilidad. El material obtenido pudo doblarse, recortarse, retorcerse y coserse sin necesidad de incorporar estructuras de soporte ni adhesivos adicionales.
El material conserva parte del micelio vivo y puede generar nuevos filamentos cuando recibe humedad y nutrientes.

Una caja de tejido realizado con hongos vivos. / Ke Li et al.
Una superficie que puede volver a crecer
La principal diferencia de este tejido es que parte del micelio continúa metabólicamente activo. Cuando recibe humedad y nutrientes, puede producir nuevos filamentos sobre zonas concretas de la superficie.
Los investigadores utilizaron esta respuesta para crear patrones y renovar la capa exterior del material. Esa nueva superficie presenta una estructura microscópica que repele el agua y permite que algunas gotas con suciedad resbalen.
De ahí procede la descripción de material «autolimpiable». Sin embargo, los experimentos no demuestran que una futura prenda confeccionada con este tejido pueda prescindir del lavado convencional ni que sea capaz de eliminar cualquier tipo de mancha.
El material también puede reparar determinados desperfectos. Ante daños de mayor tamaño, el equipo colocó agregados frescos de micelio en la zona afectada y proporcionó las condiciones necesarias para que los filamentos crecieran y volvieran a unir la estructura.
La reparación de daños grandes no es automática: requiere añadir micelio fresco y mantenerlo en condiciones adecuadas para crecer.
Color y protección ultravioleta mediante microorganismos
La red formada por el micelio también puede servir como soporte para añadir otras funciones. El equipo incorporó levaduras modificadas para producir distintos pigmentos biológicos, con los que obtuvo tonos como azul, rojo, naranja y púrpura sin modificar genéticamente el hongo principal.
En otro experimento, añadió Aspergillus niger, un hongo capaz de formar una capa rica en melanina. Esta cubierta aumentó la absorción de radiación ultravioleta y aportó actividad antioxidante al material.
El tejido puede incorporar microorganismos que aportan color o aumentan la absorción de radiación ultravioleta.

Una prenda de cuerpo entero que incorpora componentes textiles fúngicos producidos mediante la plataforma fúngica programable descrita en este estudio. / Courtesy of Ke Li et al.
Para mostrar que las láminas podían combinarse y trabajarse como un textil, los investigadores confeccionaron un vestido experimental con paneles de distintos colores y superficies funcionales.
La pieza sirve como demostración de las posibilidades del sistema, pero no es una prenda preparada para su comercialización ni para un uso cotidiano.
Un material biodegradable todavía en fase inicial
El equipo también construyó una pequeña caja con el tejido y la enterró en tierra. El objeto mostró una degradación morfológica casi completa en 41 días.
Un pequeño objeto fabricado con este material se degradó casi por completo tras permanecer 41 días enterrado.
El resultado apunta a posibles aplicaciones en productos de vida útil corta, como embalajes biodegradables, textiles artísticos o materiales destinados a exposiciones temporales.
La investigación abre una vía para fabricar materiales que combinen estructura, respuesta biológica y degradabilidad. Sin embargo, todavía quedan cuestiones fundamentales por resolver, como la producción a gran escala, la resistencia al desgaste, el comportamiento ante el lavado y la estabilidad durante largos periodos.
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