El dolor neuropático crónico podría contar en el futuro con tratamientos más precisos gracias a un mecanismo identificado en el cerebro. Investigadores de la Universidad de Washington en San Luis han descubierto, en ratones, que unos receptores situados en una pequeña región cerebral actúan como un “freno” capaz de reducir la hipersensibilidad provocada por lesiones nerviosas.
En la base del cerebro existe un pequeño grupo de neuronas que participa de forma natural en la regulación del dolor. El problema aparece cuando una lesión nerviosa altera su funcionamiento y transforma este sistema en un impulsor de las señales dolorosas. Un nuevo estudio ha identificado qué mecanismo permite controlar esa actividad y ha demostrado que restaurar determinados receptores en esa región puede revertir la hipersensibilidad al tacto y al calor en modelos animales de dolor neuropático.
Freno natural
El equipo se centró en el locus coeruleus, una región cerebral relacionada con el estado de alerta, el estrés y también con la regulación del dolor. Los investigadores comprobaron primero que una lesión nerviosa puede hacer que sus células pasen a contribuir activamente al dolor crónico.
El siguiente paso será encontrar formas de actuar específicamente sobre esta región sin modificar los receptores opioides del resto del sistema nervioso.
Cuando desactivaron temporalmente estas neuronas en ratones con dolor neuropático, los animales mostraron una menor sensibilidad al tacto y al calor. El resultado reforzó la idea de que el locus coeruleus no solo responde al dolor, sino que puede convertirse en una pieza importante de su mantenimiento.
Los científicos estudiaron después los receptores opioides mu, presentes en gran cantidad en esta zona cerebral. Estos receptores son los mismos sobre los que actúan tanto los opioides naturales del organismo como medicamentos como la morfina o el fentanilo para disminuir la percepción del dolor.
Al eliminar esos receptores únicamente del locus coeruleus, los ratones se volvieron todavía más sensibles. Pero al restaurarlos en las mismas neuronas, la hipersensibilidad desapareció, lo que llevó a los autores a describirlos como una especie de regulador capaz de frenar el circuito doloroso.

Un mecanismo cerebral abre nuevas vías contra el dolor neuropático crónico
Más precisión
El hallazgo resulta especialmente interesante porque los opioides utilizados actualmente actúan sobre receptores repartidos por muchas zonas del cerebro y del cuerpo. Esa falta de selectividad contribuye a efectos secundarios, tolerancia y riesgo de dependencia.
“Comprender cómo estos receptores localizados en el locus coeruleus actúan como reguladores podría conducir a terapias más específicas y eficaces, con menos riesgos”, explicó Jordan McCall, autor principal del estudio.
El siguiente paso será encontrar formas de actuar específicamente sobre esta región sin modificar los receptores opioides del resto del sistema nervioso. La meta es diseñar tratamientos capaces de aprovechar ese mecanismo natural de control del dolor de una forma mucho más localizada.
El trabajo sigue siendo preclínico y todavía no demuestra que esta estrategia pueda utilizarse de forma segura y eficaz en personas. Aun así, aporta una nueva dirección para investigar uno de los problemas más difíciles de tratar: aliviar el dolor neuropático crónico actuando sobre el punto exacto del cerebro que ayuda a mantenerlo.
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