La estimulación cerebral profunda tras una lesión cerebral podría abrir una nueva vía para recuperar funciones tan importantes como hablar y tragar. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh han comprobado que aplicar impulsos eléctricos de baja frecuencia en una zona profunda del cerebro puede mejorar el control de los músculos faciales y de la garganta en un paciente con secuelas crónicas de un traumatismo craneoencefálico.
Hablar y tragar requieren una coordinación muy precisa entre el cerebro y los músculos de la cara, la lengua, la garganta y el sistema respiratorio. Una lesión cerebral puede interrumpir esas conexiones y provocar disartria, que dificulta el habla, o disfagia, que afecta a la deglución. El equipo de Pittsburgh decidió estudiar si una técnica ya utilizada frente a otros trastornos neurológicos podía ayudar a reforzar las vías nerviosas que siguen funcionando después de una lesión. La clave estuvo en reducir considerablemente la frecuencia habitual de la estimulación.
Frecuencia más baja
La estimulación cerebral profunda consiste en implantar electrodos que envían impulsos eléctricos a zonas concretas del cerebro. Aunque se utiliza desde hace años en enfermedades como el párkinson y el temblor esencial, sus resultados sobre el habla habían sido contradictorios.
La recuperación del habla puede ser una prioridad incluso mayor que la movilidad para algunas personas.
El nuevo estudio se centró en el tálamo motor, una región conectada con la corteza encargada del movimiento. En lugar de emplear frecuencias próximas a los 130 hercios, habituales en otros tratamientos, los investigadores las redujeron hasta un rango de 50 a 80 hercios.
Primero probaron esta configuración en ocho personas sometidas a estimulación cerebral profunda por temblor esencial y con las vías del habla intactas. La baja frecuencia aumentó la activación de músculos de la cara y la garganta sin empeorar su capacidad para hablar.
Después aplicaron el mismo principio a un participante con lesión cerebral traumática, disfagia moderada crónica y disartria grave. En tres sesiones, la inteligibilidad de sus palabras mejoró un 8%, un 20% y un 16% cuando la estimulación estaba activada frente a cuando permanecía apagada. Los autores consideran que mejoras superiores al 7% ya pueden tener relevancia clínica.

La estimulación cerebral profunda podría ayudar a recuperar el habla tras un traumatismo
Nueva vía
Los investigadores creen que la técnica no crea nuevas conexiones desde cero, sino que podría reforzar las vías neuronales que han sobrevivido a la lesión y facilitar de nuevo la comunicación entre el cerebro y los músculos implicados en hablar y tragar.
“Este estudio demuestra que los parámetros de estimulación importan”, señala Jorge A. González-Martínez, coautor principal. Según explica, dirigir una estimulación de baja frecuencia al circuito cerebral adecuado podría ayudar a mantener las vías que todavía permiten hablar y deglutir después de una lesión.
La recuperación del habla puede ser una prioridad incluso mayor que la movilidad para algunas personas. Elvira Pirondini, también responsable del trabajo, recuerda que perder esta capacidad afecta directamente al empleo, la independencia y las relaciones personales.
Los resultados son todavía preliminares y no proceden de un ensayo clínico amplio. El equipo ya está reclutando participantes para estudiar durante cuatro semanas si estas mejoras pueden mantenerse en el tiempo y comprobar su efecto en más personas y en otros tipos de lesiones, incluido el ictus.
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