El nacimiento de las primeras cabras monteses por fecundación in vitro, logrado por un equipo del INIA-CSIC, abre una nueva vía para conservar especies amenazadas y recuperar poblaciones animales antes de que desaparezcan para siempre.
A veces la ciencia no solo mira al futuro: también intenta darle una segunda oportunidad a la naturaleza. Eso es lo que acaba de conseguir un equipo español al lograr el nacimiento de las primeras cabras monteses del mundo mediante fecundación in vitro. Las crías, Riato y Sedello, han nacido gracias a una técnica pionera desarrollada por investigadores del INIA-CSIC, que utilizaron óvulos y espermatozoides obtenidos tras la muerte de los animales. El logro va mucho más allá de estas dos pequeñas cabras salvajes: demuestra que la reproducción asistida puede convertirse en una herramienta real para proteger especies amenazadas, restaurar poblaciones perdidas e incluso prepararse ante futuras catástrofes sanitarias o ambientales. En otras palabras, no es solo una buena noticia para la cabra montés. Puede serlo para muchas otras especies.
Un hito mundial
El trabajo se ha llevado a cabo en el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria del CSIC, a las afueras de Madrid. Allí, el equipo consiguió embriones viables en laboratorio a partir de gametos de cabras monteses recogidos post mortem y los transfirió después a hembras receptoras.
En un momento en que tantas especies viven bajo presión, que la ciencia encuentre nuevas formas de darles continuidad es una noticia enorme.
La técnica se aplica por primera vez con éxito en una cabra salvaje o íbice, algo que convierte el nacimiento de Riato y Sedello en un hito mundial. Hasta ahora, el banco genético que el equipo había ido construyendo permitía conservar sobre todo material de machos, pero este avance incorpora también la posibilidad de preservar y utilizar material reproductivo femenino.
Eso es especialmente importante en una especie como la cabra montés, endémica de la península ibérica, y con antecedentes de pérdida irreversible de subespecies. La cabra lusitánica desapareció hace más de un siglo y el último ejemplar de burcardo murió en el año 2000 sin dejar descendencia.

Un avance español logra el nacimiento de las primeras cabras monteses por fecundación in vitro
Más que cabras
El valor del hallazgo está en lo que puede venir después. Los investigadores explican que esta tecnología podría servir para evitar la extinción de otros ungulados amenazados o para reintroducir poblaciones que hayan sido arrasadas por epidemias, incendios o desastres ambientales.
El INIA-CSIC cuenta además con uno de los mayores bancos de semen de especies domésticas y salvajes del mundo, con muestras de animales tan diversos como lince ibérico, oso panda, koala, visón europeo o buitre negro. Tener ya una técnica capaz de ir más allá del material masculino amplía muchísimo las posibilidades de conservación futura.
La noticia también tiene algo profundamente esperanzador: demuestra que la reproducción asistida no solo puede aplicarse a la ganadería o a la medicina humana, sino también a la protección de la biodiversidad. En un momento en que tantas especies viven bajo presión, que la ciencia encuentre nuevas formas de darles continuidad es una noticia enorme.
Porque a veces conservar no consiste solo en proteger lo que queda, sino en aprender a reconstruir lo que podría perderse. Y en ese camino, Riato y Sedello ya son mucho más que dos crías de cabra: son una prueba de que la ciencia también puede ayudar a que la naturaleza tenga otra oportunidad.
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