Un estudio internacional liderado por Stanford, con participación del IBSAL y el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, analiza cómo la genética, el entorno, la dieta y el microbioma influyen en la salud, el sistema inmunitario y el envejecimiento.
Un amplio equipo internacional ha desarrollado uno de los mapas moleculares más completos hasta la fecha de personas sanas de diferentes ascendencias, edades y lugares de residencia. El trabajo ha contado con la participación de investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca y del Centro de Investigación del Cáncer. Su objetivo es comprender mejor por qué no todas las personas envejecen igual, responden de la misma forma a una dieta o presentan los mismos riesgos ante ciertas enfermedades. Para ello, el estudio ha analizado datos biológicos de 322 personas sanas de distintos continentes y los ha combinado con información clínica, de estilo de vida, alimentación y lugar de residencia.
Medicina de precisión
La investigación ha integrado más de diez capas de información biológica, conocidas como datos “ómicos”. Entre ellas se incluyen la genómica, la proteómica, la metabolómica, la lipidómica, el microbioma intestinal, los anticuerpos frente a patógenos, las hormonas metabólicas y otros indicadores capaces de ofrecer una visión mucho más completa del organismo humano.
Esta información puede ayudar a diseñar estrategias de prevención, guías nutricionales y tratamientos más ajustados a diferentes grupos de población.
Las muestras proceden de sangre, orina y heces de personas sanas de países como Taiwán, Irlanda, Estados Unidos y Canadá. Esta diversidad ha permitido comparar participantes con distintos orígenes genéticos y entornos de vida, algo clave para diferenciar qué aspectos de la biología están más relacionados con la ascendencia y cuáles con el lugar donde se vive.
Uno de los hallazgos principales es que tanto la ascendencia genética como la geografía dejan huella en el organismo. El estudio observa diferencias en el sistema inmunitario, el metabolismo, determinadas dianas de fármacos, la susceptibilidad a enfermedades autoinmunes y la composición del microbioma. Además, cambiar de país o continente puede reconfigurar redes moleculares y microbianas, lo que muestra hasta qué punto el ambiente influye en la biología humana.
El trabajo también analiza los llamados relojes biológicos, que permiten estimar el envejecimiento real del organismo más allá de la edad cronológica. Los resultados apuntan a que no todas las poblaciones envejecen al mismo ritmo y que factores como el entorno, la dieta, el estilo de vida o el microbioma podrían modular ese proceso de forma significativa.

Un mapa molecular ayuda a entender por qué no todos envejecemos igual
Salud personalizada
El estudio refuerza una idea clave para la medicina del futuro: no existe una única receta válida para todas las personas. Según el investigador Manuel Fuentes, del Centro de Investigación del Cáncer y del IBSAL, la medicina de precisión debe tener en cuenta no solo la información genética, sino también la firma inmunológica y el contexto geográfico, ambiental y cultural de cada individuo.
Esta información puede ayudar a diseñar estrategias de prevención, guías nutricionales y tratamientos más ajustados a diferentes grupos de población. Por ejemplo, el trabajo profundiza en cómo la dieta interactúa con el microbioma intestinal de manera específica según la ascendencia genética, afectando a rutas metabólicas relacionadas con lípidos, ácidos biliares y otros procesos vinculados con la salud.
Otra buena noticia es que los datos generados estarán disponibles como recurso abierto para la comunidad científica. Esto permitirá que otros grupos de investigación estudien nuevas preguntas sobre cómo interactúan genética, ambiente, microbioma, envejecimiento y riesgo de enfermedad, acelerando futuros avances en diagnóstico, prevención y tratamientos personalizados.
Aunque este mapa no se traduce de forma inmediata en una terapia concreta, supone una herramienta muy valiosa para construir una medicina más equitativa y precisa. Entender mejor la diversidad biológica humana puede ayudar a que la investigación médica represente mejor a distintas poblaciones y a que, en el futuro, las recomendaciones sanitarias sean más personalizadas, eficaces y adaptadas a la realidad de cada persona.
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