Una vacuna sin refrigeración contra el tétanos y la difteria ha mostrado resultados prometedores en su primer ensayo en humanos. La formulación, inspirada en plantas capaces de sobrevivir meses completamente secas, puede conservarse a temperatura ambiente y ha generado niveles protectores de anticuerpos comparables a los de vacunas ya autorizadas.
Mantener las vacunas a la temperatura adecuada desde que salen de la fábrica hasta que llegan al paciente sigue siendo uno de los principales retos de los programas de inmunización. Este sistema, conocido como cadena de frío, requiere refrigeración constante, electricidad e infraestructuras que no siempre están disponibles en comunidades remotas o zonas afectadas por conflictos. Investigadores británicos y la empresa Stablepharma han probado ahora SPVX02, una versión en polvo de una vacuna ya utilizada contra tétanos y difteria que busca prescindir de esa dependencia.
Inspiración vegetal
La tecnología se inspira en las llamadas “plantas de resurrección”, capaces de deshidratarse durante periodos de sequía y recuperar su actividad cuando vuelve el agua. Una de sus estrategias consiste en producir trehalosa, un azúcar que ayuda a estabilizar sus células mientras permanecen secas.
“Mantener las vacunas frías desde la fábrica hasta el paciente es uno de los mayores desafíos de los programas de inmunización en todo el mundo”.
Los investigadores utilizaron ese mismo principio para transformar una vacuna líquida de tétanos y difteria en una formulación seca. Antes de administrarla, basta con añadir agua de nuevo. De esta forma, sus componentes pueden permanecer protegidos durante largos periodos sin necesidad de refrigeración continua.
Las pruebas de estabilidad han mostrado que SPVX02 puede conservarse a temperaturas de hasta 30 ºC durante al menos dos años. También mantuvo toda su potencia después de tres ciclos de cambios extremos entre -20 ºC y 40 ºC, condiciones que pueden reproducirse durante el transporte internacional.
Este tipo de resistencia podría ser especialmente útil en lugares donde una interrupción eléctrica, un trayecto prolongado o la ausencia de cámaras frigoríficas pueden hacer inutilizables las dosis antes de que lleguen a quienes las necesitan.

Una vacuna sin refrigeración mantiene su eficacia tras años a temperatura ambiente
Primer ensayo
El primer ensayo clínico incluyó a 60 adultos sanos en Southampton y Manchester. La vacuna fue bien tolerada y no se registraron acontecimientos adversos graves relacionados con ella. A los 28 días, todos los participantes que recibieron SPVX02 alcanzaron niveles protectores de anticuerpos frente al tétanos y la difteria, con respuestas comparables a las de vacunas autorizadas utilizadas como referencia.
“Mantener las vacunas frías desde la fábrica hasta el paciente es uno de los mayores desafíos de los programas de inmunización en todo el mundo”, explica Saul Faust, director del centro de investigación clínica del NIHR en Southampton. Si estudios más amplios confirman estos resultados, añade, la tecnología podría transformar la forma en que se almacenan y distribuyen las vacunas.
El avance también podría reducir el desperdicio. Según datos citados por el NIHR, alrededor de la mitad de las vacunas se desperdician globalmente cada año, y parte de esas pérdidas están relacionadas con problemas de almacenamiento y transporte. Eliminar o reducir la cadena de frío permitiría además rebajar el consumo energético asociado a su distribución.
El desarrollo todavía no está listo para su uso generalizado. Tras esta primera fase, ya se ha iniciado un ensayo de fase 2b con más participantes para confirmar seguridad y respuesta inmunitaria. Pero el resultado inicial abre una posibilidad relevante: hacer que determinadas vacunas sean más fáciles de transportar, conservar y llevar hasta comunidades donde mantener una nevera funcionando puede ser tan difícil como disponer de la propia vacuna.
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