Un artículo de opinión de Michelle Köpf, residente en Alemania y estudiante de Logosofía, para reflexionar sobre cómo la adaptación consciente nos salva del sufrimiento.
Quizás hayas notado, al igual que yo, una tenaz resistencia a aceptar los cambios que suelen producirse en la vida cotidiana. O hayas observado dificultades para adaptarte ante circunstancias adversas, o incluso ante cambios previamente planificados.
Cuando la vida cambia sin pedir permiso
Es innegable que la vida presenta, con frecuencia, adversidades, dificultades inesperadas y episodios capaces de modificar casi instantáneamente las situaciones individuales. Ante esto, ¿por qué no ejercitar conscientemente la capacidad de adaptación, buscando comprender la esencia de las transformaciones de la vida y su significado para la propia evolución? ¿Por qué no utilizar el poder de la adaptación para evitar el sufrimiento que, en muchos casos, se vuelve desesperante? ¿Por qué insistir en vivir en desacuerdo con la realidad que nos rodea?
Adaptarse no significa resignarse, sino aprender a comprender mejor la realidad que se presenta.
La adaptación como ejercicio consciente
En la Logosofía, he aprendido a buscar la adaptación de forma natural, buscando la transición de un estado de comprensión a otro, y no como una obligación, como cuando nos adaptamos ‘porque no queda otra’. Me he dedicado a superar la resistencia inicial que surge cuando decido aceptar el cambio.
También he percibido el valor de transformar la práctica de la adaptación en un ejercicio consciente, observando cómo el tiempo actúa a mi favor en este proceso. Con ello, he practicado la adaptabilidad con la conciencia de su significado para afrontar los desafíos y transformaciones de la vida, evitando el desgaste provocado por resistencias inútiles. Voy a compartir dos experiencias en que he decidido adaptarme a conciencia.
«Adaptarse es, pues, preparar dentro de sí las condiciones adecuadas para que el equilibrio normal de la vida perdure sin modificación, aun cuando se modifique la vida cuantas veces haya menester o lo reclamen las circunstancias. Lo contrario, sería entregarse prisionero de un enemigo invisible pero real, que estaría continuamente apaleando nuestro ánimo.»
González Pecotche, Autor de la Logosofía
Aprender a adaptarse también en el trabajo
En mi trabajo se produjo un cambio significativo que tuvo consecuencias bastante negativas para mí y para mis compañeras. Decidida a vivir esa experiencia con conciencia —apoyándome en los conocimientos que he ido adquiriendo sobre la adaptación en Logosofía—, busqué, en un primer momento, comprender las razones y las consecuencias del cambio. Basándome en esa reflexión, tomé la decisión de permanecer en el trabajo.
Confiando en la importancia de la adaptación, me di cuenta de que, poco a poco, iba conquistando el control sobre la resistencia al cambio, alejando el desánimo y los argumentos que antes justificaban la negativa a comprender. En ese proceso de adaptación, que a veces ponía a prueba mi fortaleza interior, cobró fuerza un impulso de renovación: comencé a estudiar una nueva especialidad, con el propósito de ampliar mis cualificaciones y, así, disponer de un nuevo ámbito de conocimiento.
En medio de un cambio difícil, la adaptación abrió paso a una decisión de renovación personal y profesional.
«La serie de cambios que se experimentan, las transformaciones, las experiencias que corrigen hasta costumbres, propician constantemente la necesidad de la adaptación. El que estudia debe adaptarse a las exigencias del estudio, como el que trabaja, a las de ese género de actividad, y así sucesivamente en todos los casos.» González Pecotche, Creador de la Logosofía.
Soltar expectativas para vivir con más libertad
En otro ámbito de mi vida, también tuve la oportunidad de poner en práctica ese mismo proceso de adaptación. Tras un largo proceso de reflexión y comprensión, tomé la decisión de dejar de alimentar expectativas respecto a un ser querido, especialmente en lo que se refiere a aquello que él no podía ofrecerme. Aunque era consciente de ello, esta decisión puso de manifiesto, en la práctica, mi dificultad para adaptarme a vivir sin esas expectativas.
La presencia persistente de pensamientos que justificaban las expectativas dominaba mi mente. Con la ayuda de la paciencia, me enfrenté a la resistencia de esos pensamientos que no querían ceder e inicié un proceso para reconocer y valorar la realidad que surgía sin expectativas.
Empecé a experimentar una nueva realidad, ya no guiada por deseos ligados a un pensamiento que no se ajustaba a la realidad. Esta nueva realidad también presenta desafíos, pero me hace sentir libre por estar viviendo en lo real, y no en la ilusión de expectativas que no podrían concretarse. Me di cuenta de que el otro es sincero y generoso dentro de sus posibilidades. Con el tiempo, el sufrimiento ha sido sustituido por un amor más consciente y una vivencia serena y segura.

Dejar de vivir desde expectativas imposibles permitió dar paso a una relación más serena con la realidad.
El poder de construir el propio futuro
Al ejercitar la capacidad de adaptación ante los cambios —tanto los que surgen independientemente de mi voluntad como los que elijo vivir—, me doy cuenta de que, en el esfuerzo por adaptarme, surgen momentos valiosos de conciencia. Noto una identificación más profunda con lo que la vida me presenta cuando me uno a ella a través del esfuerzo por construir mi propio futuro, sostenido por pensamientos orientados al bien.
Deseo seguir ampliando y aplicando este concepto logosófico en mi vida, para que la adaptación sea cada vez más natural y se convierta en un verdadero poder: el poder de la adaptación.









0 comentarios