El Parque Nacional de Shahdagh en Azerbaiyán alberga ya alrededor de 90 bisontes tras siete años de reintroducción, en una de las historias de recuperación de fauna más esperanzadoras del Cáucaso.
Hay regresos que no solo devuelven un animal al paisaje, sino una parte entera de la memoria de un territorio. Eso es lo que está ocurriendo en las montañas del Cáucaso, donde el bisonte vuelve a caminar por bosques y praderas de Azerbaiyán después de haber desaparecido de la naturaleza hace casi un siglo. El proyecto de reintroducción en el Parque Nacional de Shahdagh ha logrado ya que vivan allí alrededor de 90 ejemplares, muchos de ellos descendientes de animales trasladados desde zoológicos europeos. Lo más esperanzador es que la población no solo resiste: también crece. Más de 25 crías han nacido ya en libertad, una señal clara de que el regreso empieza a echar raíces reales en el ecosistema.
Un regreso
El último bisonte caucásico salvaje desapareció en 1927, víctima de la caza y de la pérdida de hábitat. Durante décadas, su ausencia dejó un hueco ecológico enorme en estas montañas, donde los grandes herbívoros cumplían un papel clave en el equilibrio del paisaje.
“Ahora tenemos una oportunidad histórica para restaurar nuestras especies”.
La recuperación actual se basa en una colaboración internacional entre WWF, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales de Azerbaiyán, la organización IDEA, Tierpark Berlin y el programa europeo de cría de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios, con cofinanciación de Rewilding Europe.
Los animales reintroducidos proceden de un linaje híbrido entre bisonte europeo de llanura y el último macho caucásico conservado en cautividad. Gracias a ese programa, el parque cuenta ya con una población creciente y varias hembras preñadas, además de los más de 25 nacimientos registrados en libertad.

Azerbaiyán devuelve la vida al Cáucaso con el regreso del bisonte desaparecido hace casi un siglo
Mucho más
El valor del proyecto no está solo en recuperar una especie simbólica. Los bisontes actúan como verdaderos “ingenieros del ecosistema”: dispersan semillas, remueven el suelo, abren claros con su paso y ayudan a mantener mosaicos de vegetación que benefician a insectos, aves y otros herbívoros.
Elshad Askerov, responsable de WWF en Azerbaiyán, lo resume así: “Ahora tenemos una oportunidad histórica para restaurar nuestras especies”. También explica que un ecosistema más rico “es más resiliente frente al cambio climático”.
La restauración de grandes herbívoros forma parte además de un esfuerzo más amplio en el país, que incluye también la recuperación de gacelas y otras especies desaparecidas o muy reducidas. En el caso del bisonte, el objetivo a largo plazo es alcanzar una población de 500 ejemplares, considerada el mínimo necesario para que sea sostenible.
Después de casi cien años de ausencia, el bisonte ha vuelto a pisar el Cáucaso. Y con él no regresa solo una especie, sino una manera más completa de restaurar la naturaleza, fortalecer el paisaje y devolver vida a un territorio entero.
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