La reaparición del buitre dorsiblanco bengalí especie en peligro crítico, en el Santuario de Vida Silvestre de Lomphat se interpreta como una señal esperanzadora tras años de trabajo para reducir envenenamientos, proteger el hábitat y asegurar alimento seguro.
En Camboya un buitre dorsiblanco bengalí, una de las aves más amenazadas de Asia, ha vuelto a aparecer en el Santuario de Vida Silvestre de Lomphat por primera vez en diez años. La imagen no es solo rara: también es profundamente simbólica. Llega después de años de esfuerzos para frenar los envenenamientos, recuperar condiciones favorables en el santuario y mantener una fuente estable de alimento para estas aves carroñeras. El regreso no significa que el peligro haya pasado, pero sí ofrece algo muy valioso en conservación: una prueba real de que la protección sostenida puede empezar a dar frutos.
Una vuelta
El ave fue detectada durante un censo de buitres realizado en junio en un “restaurante para buitres”, un punto de alimentación gestionado dentro del santuario. La observación supone el primer registro confirmado de la especie en el paisaje de Lomphat desde 2016.
Como se alimentan exclusivamente de carroña, pueden intoxicarse al consumir cadáveres contaminados con sustancias tóxicas o restos peligrosos.
La desaparición local había estado marcada por varios episodios graves de envenenamiento. Al menos 16 buitres murieron en un caso en 2014 y otros tres en otro incidente en 2016. Aquellos golpes dejaron la población en una situación extremadamente frágil.
Bou Vorsak, director ejecutivo de NatureLife Cambodia, resumió el momento así: “Como socio del Ministerio de Medio Ambiente, llevamos años trabajando para proteger la fauna, especialmente en el Santuario de Vida Silvestre de Lomphat. El regreso del buitre dorsiblanco demuestra que nuestros esfuerzos de conservación están marcando la diferencia al mejorar las condiciones del hábitat y garantizar una fuente fiable de alimento”.

Camboya celebra el regreso del buitre dorsiblanco bengalí a Lomphat
Aún frágil
El mismo censo registró también cinco buitres cabecirrojos, incluidos dos juveniles, una señal adicional de que la zona podría estar empezando a recuperar parte de su valor para estas especies. NatureLife Cambodia mantiene un punto de alimentación que suministra una gran carroña al menos una vez al mes.
Ese programa intenta compensar uno de los grandes problemas de estos animales: su altísima vulnerabilidad al veneno. Como se alimentan exclusivamente de carroña, pueden intoxicarse al consumir cadáveres contaminados con sustancias tóxicas o restos peligrosos.
Aun así, la amenaza no ha desaparecido. El propio Vorsak advirtió: “El envenenamiento sigue siendo una amenaza pese a nuestras campañas de sensibilización”. La parte positiva es que, según sus datos, los incidentes han bajado de más de 30 casos al año en el pasado a entre uno y tres anuales.
Todavía quedan menos de 200 buitres en los recuentos más recientes, así que cada regreso importa. Y este, en particular, recuerda algo esencial: incluso cuando una especie parece haberse borrado de un lugar, años de trabajo paciente pueden abrir la puerta a su vuelta.
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