Un estudio reúne más de 60 años de avistamientos en Namibia y Sudáfrica y apunta a un aumento reciente de la presencia de las dos especies de ballena más grandes del planeta, muy castigadas por la caza comercial del siglo XX.
Las dos especies de ballena más grandes del mundo empiezan a ofrecer señales esperanzadoras en el Atlántico suroriental. Una nueva investigación ha recopilado más de seis décadas de avistamientos y varamientos confirmados de ballenas azules antárticas y ballenas de aleta en la costa occidental de Sudáfrica y Namibia. Aunque los registros siguen siendo escasos, el estudio muestra que las observaciones han aumentado de forma clara en los últimos años: el 95% de los avistamientos recopilados se produjo desde 2012. Para los investigadores, este patrón podría indicar que estos gigantes marinos están empezando a recuperar parte de sus antiguos territorios tras décadas de protección frente a la caza comercial.
Señales esperanzadoras
El estudio se centró en el ecosistema de afloramiento de Benguela, una región muy rica en nutrientes situada frente a Namibia y la costa oeste de Sudáfrica. Esta zona pudo haber sido históricamente un área importante de cría o presencia estacional para ballenas azules y de aleta, pero hasta ahora existía poca información consolidada sobre su situación reciente.
Más de 40 años después del final de la caza comercial de ballenas, los nuevos avistamientos recuerdan que la naturaleza puede responder.
Para llenar ese vacío, el equipo reunió registros verificados entre mayo de 1964 y marzo de 2025. En total, se documentaron 12 avistamientos de ballena azul, un varamiento y cinco registros publicados adicionales. En el caso de las ballenas de aleta, más frecuentes en la zona, se recopilaron 76 avistamientos y seis varamientos.
La investigadora Bridget James, de la Universidad de Ciudad del Cabo, destaca que los resultados aportan evidencias importantes de una recuperación lenta tras el impacto de la caza comercial del siglo XX. Según el estudio, las observaciones siguen siendo raras, pero son más frecuentes que en décadas anteriores, lo que ofrece motivos para pensar que la recuperación puede continuar si se mantiene la protección.
El aumento de registros también encaja con lo que los científicos esperarían si las poblaciones empiezan a reconstruirse: que las ballenas vuelvan poco a poco a zonas que formaban parte de su rango histórico. Aun así, los autores advierten de que parte del incremento puede estar relacionado con un mayor esfuerzo de observación, especialmente por la presencia de observadores de fauna marina en actividades comerciales en alta mar.

Aumentan los avistamientos de las dos ballenas más grandes del mundo
Recuperación lenta
Es necesario entender los datos con prudencia. Entre 1913 y 1978, se estima que la caza comercial mató unas 350.000 ballenas azules y 725.000 ballenas de aleta, provocando un desplome global de sus poblaciones. Hoy, la ballena azul antártica sigue clasificada como en peligro crítico y se calcula que se encuentra en torno al 3% de sus niveles anteriores a la caza, aunque crecería lentamente a un ritmo del 5% al 8% anual.
Las ballenas de aleta, por su parte, están consideradas vulnerables. Sus poblaciones habrían recuperado más del 30% de sus niveles históricos y crecerían aproximadamente entre un 4% y un 5% al año. Estos datos muestran que la protección internacional puede dar resultados, pero también que el proceso de recuperación de especies tan longevas y de reproducción lenta necesita décadas.
Los investigadores recuerdan que las amenazas no han desaparecido. Las grandes ballenas siguen expuestas a colisiones con barcos, enredos en artes de pesca, ruido submarino, contaminación y cambios en los ecosistemas marinos provocados por el calentamiento del océano. Por ello, recomiendan ampliar el monitoreo acústico pasivo, aumentar la presencia de observadores formados e incorporar los datos de distribución de ballenas a la planificación marina.
Aun con estas cautelas, el estudio representa una gran noticia para la conservación marina. Más de 40 años después del final de la caza comercial de ballenas, los nuevos avistamientos recuerdan que la naturaleza puede responder cuando se reducen las presiones humanas. Ver regresar poco a poco a las ballenas azul y de aleta al Atlántico suroriental es una señal de resiliencia y una llamada a seguir protegiendo los océanos para que esta recuperación no se detenga.
Fuente:









0 comentarios