Las ballenas jorobadas regresan con fuerza a Brasil y disparan los avistamientos en Río

Las ballenas jorobadas regresan con fuerza a Brasil y disparan los avistamientos en Río
Las ballenas jorobadas regresan con fuerza a Brasil y disparan los avistamientos en Río

Durante décadas, ver una ballena jorobada cerca de Río de Janeiro era algo mucho menos habitual de lo que debería haber sido. La caza comercial redujo drásticamente sus poblaciones y dejó al Atlántico sur sin una parte importante de su vida marina. Pero esa historia está cambiando. Hoy, los avistamientos se multiplican frente a la costa carioca y en la bahía de Guanabara gracias a una recuperación que ya se nota tanto en la ciencia como en el mar abierto. La buena noticia no está solo en el aumento del número de animales, sino en lo que simboliza: que una especie golpeada durante décadas puede volver a prosperar cuando se la protege de forma sostenida. Y cuando eso ocurre, también cambia la relación de una ciudad con su paisaje y con su futuro.

Una recuperación

Según explicó Enrico Marcovaldi, cofundador del Proyecto Ballena Jorobada, la población de esta especie asociada a Brasil ha crecido desde unas 2.000 hasta alrededor de 35.000 ejemplares en unos 40 años, una cifra cercana a la que existía antes de la caza comercial. Ese rebote ayuda a explicar por qué ahora se ven cada vez más ballenas también en zonas tan emblemáticas como la costa de Río de Janeiro y la bahía de Guanabara.

“Estos animales son tan emblemáticos y carismáticos que tienen el poder de transformar a las personas, de cambiar su forma de ver el mundo”.

El cambio empezó a ser posible cuando la Comisión Ballenera Internacional decidió en 1982 detener la caza comercial de ballenas, con efecto desde la temporada 1985/1986. Desde entonces, la especie ha ido recuperando terreno poco a poco en varias regiones del mundo, y Brasil se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de esa mejora.

Cada año, entre junio y noviembre, miles de ballenas jorobadas pasan por aguas brasileñas en su migración desde las áreas de alimentación del Océano Austral hasta zonas tropicales donde se reproducen y tienen a sus crías. Muchas se dirigen hacia el Banco de Abrolhos, una región coralina frente a Bahía y Espírito Santo considerada una de las áreas marinas más biodiversas del Atlántico sur.

El regreso de las ballenas jorobadas en Brasil transforma la costa de Río de Janeiro

Río las mira

La vuelta de las ballenas está impulsando también el interés por las salidas de observación marina. En Río, algunas empresas han empezado a ofrecer excursiones específicas para verlas, y varios proyectos científicos y turísticos están aprovechando este auge para combinar divulgación, fotografía y conservación.

La empresaria Louise Raulais, que organiza travesías de observación, resumió muy bien el efecto que provocan estos animales: “Estos animales son tan emblemáticos y carismáticos que tienen el poder de transformar a las personas, de cambiar su forma de ver el mundo”. La frase encaja con algo que se repite en muchas historias de conservación: cuando la gente ve de cerca la recuperación de una especie, suele sentirse más inclinada a protegerla.

En esa misma línea, el propio Marcovaldi celebró la recuperación con una frase sencilla y poderosa: “Es maravilloso. Demuestra que las ballenas se están recuperando, están sanas y prosperando, y esperemos que sigan haciéndolo”. Y André Bento, responsable de turismo en Niterói , defendió que el turismo puede ser también “una herramienta para la protección de las especies”.

Las ballenas jorobadas no solo están regresando, sino que su vuelta está ayudando a recordar que la conservación sí puede funcionar. En un tiempo en que muchas noticias ambientales hablan de pérdida, esta cuenta justo lo contrario: una especie que vuelve, un mar que se llena de vida y una costa que aprende otra vez a mirar hacia el océano con esperanza.

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