Un estudio de 55 años en alcatraces atlánticos de Canadá muestra una fuerte reducción de algunos PFAS tras décadas de regulación, aunque los científicos piden mantener la vigilancia ambiental.
Un estudio a largo plazo ha encontrado una señal esperanzadora frente a uno de los grandes problemas de contaminación química del planeta. Investigadores han observado una fuerte caída en los niveles de varios PFAS, conocidos como “químicos eternos”, en huevos de alcatraz atlántico de la isla Bonaventure, en Canadá, una de las mayores colonias reproductoras de esta especie. Los datos, recopilados durante 55 años, muestran que algunas de estas sustancias aumentaron de forma marcada desde los años sesenta hasta alcanzar su punto máximo en los noventa y principios de los 2000, pero después comenzaron a descender coincidiendo con la presión regulatoria y la retirada progresiva de compuestos especialmente problemáticos.
Señal positiva
Los PFAS son una amplia familia de sustancias químicas utilizadas durante décadas para fabricar productos resistentes al agua, las manchas y el calor. Se han empleado en aplicaciones industriales, espumas contra incendios, recubrimientos y numerosos materiales de uso cotidiano, pero su persistencia en el medio ambiente y sus posibles efectos sobre la salud humana y la fauna han convertido su control en una prioridad científica y regulatoria.
Para los investigadores, el caso demuestra que las políticas ambientales pueden tener efectos reales y medibles en la naturaleza.
Se les conoce como “químicos eternos” porque no se degradan fácilmente de forma natural. Esto significa que pueden permanecer durante mucho tiempo en el agua, los suelos, los animales y las cadenas alimentarias. En el caso de las aves marinas, la contaminación puede pasar de los peces que consumen a su organismo y, finalmente, a sus huevos.
La investigación se centró en huevos de alcatraz atlántico de la isla Bonaventure, situada en el golfo de San Lorenzo. Esta ubicación resulta especialmente relevante porque la zona estuvo expuesta durante décadas a contaminación procedente de áreas industriales conectadas con la cuenca de los Grandes Lagos y el río San Lorenzo.
Los resultados muestran descensos notables en algunos de los PFAS más conocidos. El PFOS cayó desde un pico de 100 partes por mil millones hasta 26 partes por mil millones en 2024, lo que supone una reducción del 74%. El PFOA descendió alrededor de un 40%, mientras que el PFHxS bajó aproximadamente un 72%.

Las aves marinas reflejan el éxito de limitar los químicos eternos
Regulación eficaz
Estos descensos coinciden con un periodo de mayor control sobre estas sustancias. A finales de los años noventa y principios de los 2000, la preocupación científica y ambiental impulsó medidas para limitar o retirar algunos PFAS de uso extendido, especialmente aquellos asociados a mayores riesgos.
Entre esas medidas estuvieron la reducción de la producción de ciertos compuestos por parte de la industria química, acuerdos con organismos reguladores y restricciones internacionales como las incorporadas al Convenio de Estocolmo. También ha influido el cambio hacia espumas contra incendios sin PFAS o la reducción de su uso en entrenamientos y prácticas militares, una fuente histórica de contaminación del agua.
Para los investigadores, el caso demuestra que las políticas ambientales pueden tener efectos reales y medibles en la naturaleza. Aunque los PFAS son extremadamente persistentes, la reducción de nuevas emisiones parece haber ayudado a disminuir la carga contaminante en estas aves marinas con el paso del tiempo.
Aun así, los autores recuerdan que no todo está resuelto. Algunos compuestos antiguos seguirán presentes durante décadas y nuevas generaciones de PFAS también pueden suponer riesgos ambientales. Por eso, el estudio no solo ofrece una noticia positiva, sino también una lección importante: cuando la ciencia identifica un problema y la regulación actúa, la naturaleza puede empezar a recuperarse, pero esa recuperación necesita vigilancia constante y decisiones sostenidas en el tiempo.
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