Un raro calamar de aleta grande es grabado por primera vez vivo en el Pacífico nororiental

Un raro calamar de aleta grande es grabado por primera vez vivo en el Pacífico nororiental

Lcientífica ha permitido obtener nuevas imágenes de uno de los habitantes más difíciles de observar de las profundidades marinas. Investigadores del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI), junto con colaboradores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), han grabado un calamar de aleta grande (Magnapinna sp.) a unos 3.277 metros bajo la superficie del Pacífico.


El hallazgo se produjo cerca del monte submarino Davidson, frente a la costa central de California, durante una expedición realizada a bordo del buque de investigación David Packard. Los científicos no estaban buscando al animal: utilizaban el vehículo submarino operado a distancia Doc Ricketts para estudiar el fondo oceánico cuando el calamar apareció ante sus cámaras.

Se trata de la primera observación confirmada de un calamar de aleta grande vivo en el Pacífico nororiental.

Hasta ahora, solo se han observado o recogido alrededor de 70 ejemplares de este grupo en todo el mundo, según MBARI.

Un encuentro a más de tres kilómetros de profundidad


En las imágenes, el animal aparece suspendido sobre el fondo marino mientras mueve sus dos grandes aletas y deja caer bajo su cuerpo sus ocho brazos y dos tentáculos.

El equipo utilizó el sistema de medición por láser instalado en el robot submarino para calcular su tamaño. El ejemplar medía aproximadamente 1,25 metros desde la parte superior del cuerpo hasta el extremo de sus brazos.

Una de las características más llamativas de estos calamares son precisamente sus larguísimos y finos apéndices. Sus brazos y tentáculos pueden doblarse formando una característica especie de “codo”, una apariencia que permitió a la investigadora posdoctoral de MBARI Olívia Soares Pereira reconocer rápidamente al animal cuando apareció en las pantallas del barco.

Sin embargo, su aspecto es solo una de las muchas peculiaridades que la ciencia intenta comprender.

La escasez de encuentros hace que todavía existan importantes incógnitas sobre la vida de los calamares de aleta grande.

Buscaban rastros de ballenas

El descubrimiento fue además completamente fortuito. La expedición tenía entre sus objetivos estudiar unas misteriosas marcas encontradas sobre el fondo fangoso de los alrededores del monte Davidson.

Los científicos sospechan que algunas de estas depresiones podrían estar relacionadas con ballenas picudas que buscan alimento a grandes profundidades, aunque esa explicación todavía debe confirmarse. Para investigarlo, el equipo está utilizando, entre otras herramientas, hidrófonos para registrar los sonidos de los cetáceos y muestras de agua destinadas al análisis de ADN ambiental.

Una nueva ventana al océano profundo

Este es solo el segundo encuentro de MBARI con un Magnapinna. El instituto había documentado anteriormente otro ejemplar durante una expedición en Hawái en 2001.

Este hecho añade una pieza más al escaso conocimiento disponible sobre una de las formas de vida más difíciles de estudiar del océano profundo.

Para los investigadores, el encuentro también pone de manifiesto el papel de los robots submarinos, las cámaras y otras tecnologías de exploración para acceder a ecosistemas situados a kilómetros bajo la superficie.

Y, sobre todo, recuerda cuánto queda por conocer. Allí donde la luz del Sol ya no llega, nuevas inmersiones siguen permitiendo documentar una biodiversidad que durante siglos permaneció prácticamente fuera de nuestro alcance.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *