Una cámara de fototrampeo instalada en una finca de Campezo, en Álava, ha captado la presencia de un lince ibérico. Se trata del primer registro documentado de esta especie en Euskadi, un avistamiento excepcional que refleja hasta dónde está llegando su recuperación en la península ibérica.
Una cámara colocada para observar la fauna silvestre de una finca de Campezo, en Álava, ha registrado una visita inesperada: la de un lince ibérico. El ejemplar, que llevaba un collar de seguimiento, fue grabado en diciembre de 2025 y posteriormente identificado por la asociación naturalista Hontza Natura Elkartea. Supone la primera prueba documentada de la presencia de esta especie en Euskadi y ofrece una nueva muestra de la capacidad de dispersión que está recuperando el felino después de décadas de programas de conservación.
Una cámara instalada para conocer la fauna local
La cámara había sido colocada por un ganadero para conocer mejor la fauna que recorría sus terrenos durante la noche.
El dispositivo había registrado animales habituales en los montes de la zona, como tejones, ginetas o gatos monteses. Sin embargo, entre las imágenes apareció un felino que el propietario no consiguió identificar con seguridad.
La grabación pasó por varias personas hasta llegar a Hontza Natura Elkartea.
Sus integrantes comprobaron que se trataba de un lince ibérico, reconocible por su pelaje moteado, sus orejas terminadas en pinceles de pelo y su característica barba alrededor del rostro.
El ejemplar llevaba además un collar de seguimiento, lo que indica que probablemente forma parte de alguno de los programas de conservación y reintroducción desarrollados en España o Portugal.
Un animal capaz de recorrer grandes distancias
Por el momento, no se ha confirmado de qué población procede el animal ni cuánto tiempo permaneció en Álava.
Los linces, especialmente los ejemplares jóvenes, pueden recorrer cientos de kilómetros cuando abandonan el territorio en el que nacieron. Durante estos desplazamientos buscan alimento, pareja o un espacio propio en el que establecerse.
La aparición en Campezo podría responder a uno de estos movimientos de dispersión. El entorno de la comarca, con amplias zonas naturales y presencia de fauna silvestre, habría servido como lugar de paso durante su recorrido.
El avistamiento muestra la capacidad de la especie para explorar territorios alejados de sus principales poblaciones.
La grabación es relevante, pero los especialistas piden interpretarla con prudencia. Las imágenes confirman que un ejemplar pasó por Euskadi, pero no demuestran que el lince se haya instalado en la zona ni que exista una población reproductora. Tampoco hay actualmente un programa para reintroducir esta especie en el territorio vasco.
El avistamiento se produce en uno de los mejores momentos para la conservación del lince ibérico.
A comienzos de este siglo quedaban menos de cien ejemplares, concentrados principalmente en Andalucía. Tras años de cría en cautividad, protección de hábitats, reintroducciones y seguimiento, la población superó los 2.600 animales en España y Portugal en 2025.
Esta recuperación ha permitido que los linces vuelvan a reproducirse en territorios donde habían desaparecido y que algunos ejemplares se aventuren cada vez más lejos de las poblaciones consolidadas.









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