Irati, una bilbaína de 18 años, toca su viola todos los viernes en el Hospital de Galdakao-Usansolo de Vizcaya durante cuatro horas delante de pacientes y personal sanitario, ofreciendo su música para que se sientan mejor.
Cada viernes, desde el verano de 2025, Irati Gañan Rodríguez, una violista de 18 años, acude al Hospital Galdakao-Usansolo, con su atril y su viola para ofrecer un recital a pacientes y personal sanitario. Espera que el efecto sanador de la música pueda ayudar como si fuese parte del tratamiento que reciben. Así lleva cuatro meses recorriendo las distintas unidades del hospital, ya sea en el área de Psiquiatría, en la UCI o en Oncología. Aunque la primera vez que tocó no hubo aplausos, ni sonrisas, ha aprendido a apreciar el silencio y la calma como la mejor muestra de que su música es bien recibida.
Música como medicina
Hace un año, Irati quiso encontrar la forma de combinar su pasión musical con su interés por la neurociencia. No era capaz de decidirse entre los estudios como instrumentista o los universitarios. Es por ello que se le ocurrió esta idea, ya que combinaba las dos carreras de cierta forma. Se puso en contacto con el centro sanitario de Galdakao-Usansolo y con su Comisión de Humanización y así llevó a todos los rincones del hospital su proyecto personal ‘Bihotz doinutan’.
«Mi propósito es utilizar la música como fármaco integrado en los tratamientos».
Aunque desde el principio apostaron por su proyecto, no todo fue tan fácil. Para empezar, tenía que esperar a cumplir los 18 años para comenzar este proyecto, ya que era la única condición que le puso el hospital. Una vez alcanzada la mayoría de edad, Irati se enfrentó al choque de realidad que fue su primera actuación. Al principio, idealizó el momento, pensando que se encontraría con un público sonriente.
Pero cuando finalizó ese primer recital no hubo aplausos, sólo caras serias de «personas que están sufriendo». Y no pudo evitar sentirse fuera de lugar. «Pensé: ‘No pertenezco a este sitio'». No obstante, no perdió su determinación para seguir tocando en el centro vizcaíno.
Con el tiempo, esa sensación de incomodidad fue desapareciendo. Se dio cuenta de que ella no era la protagonista, sino aquellos que la escuchaban. Ahora disfruta mucho de los viernes en los que busca contentar a todo el mundo con la música de su viola. Las responsables del hospital han diseñado «la ruta» que recorre. Pasa por tres unidades distintas a las que dedica unos 45 minutos cada una. Dependiendo del día, esta ruta la lleva por Rehabilitación, Neurología, Digestivo, Oncología o Psiquiatría, entre otras.

Una violista alivia a los pacientes de un hospital con su música
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Desconexión
Su recital semanal no solo alivia a los pacientes. Su iniciativa también ha tenido un gran recibimiento entre el personal sanitario del hospital. «Ven mis sesiones como un momento para desconectar del estrés diario. También ayudan a aliviar la tensión del ambiente hospitalario», afirma la joven. Y es que se siente muy agradecida por el apoyo que ha recibido durante sus visitas.
Para dar continuidad a su proyecto sonoro, Irati quiere matricularse en Estados Unidos para compaginar sus estudios musicales con los de Neurociencia. Si lo consigue, tendrá que pausar sus conciertos de los viernes durante un tiempo. Pero promete volver a tocar cuando pueda. «No pretendo cortar el contacto con el hospital. Quiero seguir tocando regularmente«.
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