Daisy, una pastor australiano, desapareció después de que el coche de sus dueños volcara en una carretera de la Columbia Británica. Cuatro días después, volvió a casa gracias a la ayuda de voluntarios y vecinos.
A veces una buena noticia no empieza con algo extraordinario, sino con algo muy humano: negarse a dejar a alguien atrás. Eso fue lo que ocurrió en Columbia Británica, en Canadá, cuando Daisy, una pastor australiano, desapareció tras un grave accidente de tráfico en el que el coche de sus dueños dio varias vueltas de campana. Durante casi cuatro días, su familia la buscó sin descanso. Y en ese tiempo, una comunidad entera decidió ayudarles hasta conseguir lo más importante: que Daisy volviera sana y salva a casa.
Nadie se rindió
El accidente ocurrió cerca de Kelowna, en la Columbia Británica, cuando la pareja formada por Dearah Jordan y su marido Sharron fue sacada de la carretera por una camioneta. Tras el vuelco, Jordan sufrió heridas leves, pero lo único en lo que podía pensar era en Daisy, que ya no estaba allí.
No solo sobrevivieron al accidente, también descubrieron hasta qué punto la bondad de desconocidos puede sostener a alguien.
Poco después, Forrest Kellerman, miembro del grupo voluntario Central Okanagan Search and Rescue, supo lo ocurrido y vio que una pastor australiano seguía desaparecida. Él y su esposa, Tracey, decidieron ir a buscarla por su cuenta. En los días siguientes, regresaron varias veces a la zona del accidente, mientras la familia apenas podía dormir.
La historia empezó a correr por la comunidad y la respuesta fue enorme. Hubo personas que ayudaron a buscar físicamente a Daisy, otras aportaron un dron térmico y otras llevaron comida caliente o medios de comunicación para apoyar a la familia. Jordan lo resumió así: “Nos traían comida, enlaces satelitales, todo lo imaginable… completos desconocidos. Fue muy emotivo”.

Un accidente, una perra desaparecida y una comunidad que no se rindió hasta encontrarla
El final feliz
Al cuarto día, Tracey Kellerman sintió que debían volver una vez más al lugar del accidente. Y allí, muy cerca del vehículo siniestrado, vio un pequeño rostro observándola desde dentro: era Daisy, sentada en el asiento del acompañante. Había sobrevivido sola durante varios días y había regresado, de algún modo, al punto de partida.
Tracey evitó asustarla, empezó a hablarle con calma y avisó a Forrest para que fuera a buscar a Jordan. Cuando por fin se reencontraron, Daisy gimió intensamente al ver a su dueña. La escena puso fin a cuatro días de angustia y confirmó que tanto la perra como su familia habían tenido una segunda oportunidad.
Daisy no tenía heridas y volvió a casa en buen estado. La propia familia contó que, desde entonces, no quería separarse de Jordan. Y esa quizá sea la mejor parte de esta historia: no solo sobrevivieron al accidente, también descubrieron hasta qué punto la bondad de desconocidos puede sostener a alguien en uno de sus peores momentos.
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