Investigadores de Harvard han descubierto que los receptores del olor en la nariz de los ratones no están distribuidos al azar, sino organizados en patrones precisos que podrían ayudar en el futuro a comprender y tratar la pérdida del olfato.
El olfato sigue siendo uno de los sentidos más misteriosos para la ciencia, pero un nuevo avance permite observarlo con una claridad inédita. Un equipo de la Escuela de Medicina de Harvard ha creado el primer mapa detallado de cómo se organizan más de un millar de tipos de receptores olfativos en la nariz de ratones. El hallazgo cambia la idea tradicional de que estos receptores estaban repartidos de forma casi aleatoria y revela una estructura mucho más ordenada, con implicaciones para entender mejor cómo la nariz capta los olores y cómo el cerebro los interpreta.
Mapa del olfato
Para realizar este trabajo, el equipo liderado por el neurobiólogo Sandeep Datta analizó datos de más de 300 ratones y estudió millones de células del tejido nasal. En concreto, los investigadores secuenciaron los genes de alrededor de cinco millones de células y trabajaron con un conjunto de aproximadamente 2,3 millones de neuronas sensoriales olfativas.
El descubrimiento supone un cambio importante en la forma de entender el olfato.
Estas neuronas son las encargadas de detectar los olores y transmitir esa información al cerebro. Cada una expresa un tipo concreto de receptor olfativo, y hasta ahora se pensaba que su localización dentro de la nariz no seguía un orden muy definido. Sin embargo, el nuevo mapa muestra que los receptores forman patrones organizados en bandas horizontales que recorren la nariz de arriba abajo.
El descubrimiento supone un cambio importante en la forma de entender el olfato. Los resultados aportan orden a un sistema que se creía mucho más caótico y permiten comparar este sentido con otros, como la vista o el oído, donde ya se sabía que existe una organización espacial clara de la información sensorial.

Entender cómo olemos a través del primer gran mapa del olfato
Futuro esperanzador
El estudio también ha observado que esta organización de los receptores se relaciona con la estructura del bulbo olfativo, la región del cerebro que procesa la información de los olores. Además, los investigadores identificaron el papel del ácido retinoico, una molécula capaz de modular la expresión genética y de influir en la posición de estos receptores en la nariz.
Aunque la investigación se ha realizado en ratones y aún será necesario comprobar hasta qué punto estos patrones se repiten en humanos, el avance abre una puerta prometedora. Comprender mejor cómo funciona el olfato a nivel básico puede ser clave para desarrollar futuras estrategias que ayuden a personas que han perdido este sentido, una condición que no solo afecta al placer de comer o disfrutar de los aromas, sino también a la seguridad, la salud y el bienestar emocional.
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