Un estudio internacional coliderado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha identificado ocho procesos celulares defectuosos responsables de gran parte del daño que aparece en el ADN de los tumores de próstata.
La investigación, publicada en Nature, ha analizado el genoma completo de 959 tumores de próstata de pacientes de siete países, el mayor conjunto estudiado hasta ahora mediante este enfoque. El hallazgo podría ayudar a comprender por qué algunos cánceres de próstata permanecen controlados durante décadas mientras que otros terminan extendiéndose a otras partes del organismo.
El reto: saber qué tumores progresarán
Aunque el cáncer de próstata puede detectarse con relativa facilidad, uno de los principales desafíos sigue siendo distinguir qué pacientes convivirán con la enfermedad durante décadas y cuáles tienen mayor riesgo de que el tumor se propague.
Los investigadores han descubierto que buena parte de las alteraciones genéticas no proceden del fallo de un único gen, sino de mecanismos celulares completos que funcionan de forma incorrecta.
Estos procesos están relacionados con la señalización hormonal, la replicación celular, la reparación del ADN y el envejecimiento y dejan patrones característicos en el genoma conocidos como firmas mutacionales.
El estudio ha integrado cuatro grandes tipos de alteraciones genéticas, desde cambios en una sola letra del ADN hasta grandes pérdidas, ganancias o reorganizaciones de fragmentos del genoma.
Así han identificado ocho procesos que, en conjunto, explican el daño observado en el 85% de los tumores analizados.

Barbara Hernando y Geoff Macintyre, investigadores del CNIO que han coliderado el estudio.
La combinación importa más que un único proceso
Los tumores no pertenecen necesariamente a una sola categoría. Un mismo cáncer puede presentar varios de estos procesos al mismo tiempo.
Según los investigadores, la combinación de mecanismos activos y la intensidad de cada uno parecen influir en la probabilidad de que el tumor se disemine.
De hecho, cuando uno de estos procesos era predominante, los pacientes presentaban un mayor riesgo de propagación incluso después de tener en cuenta factores como la edad, el estadio de la enfermedad o el grado del tumor.
Además, otro de los procesos identificados se asoció con un pequeño grupo de pacientes que respondió mejor a un determinado tipo de tratamiento.
El daño procede sobre todo del interior de las células
Otro resultado destacado es que los investigadores apenas encontraron las huellas genéticas provocadas por agentes externos que aparecen claramente en otros tumores, como las asociadas al tabaco o a la radiación solar.
“La magnitud del daño que proviene del interior de la célula” fue uno de los aspectos más sorprendentes del estudio, explica Barbara Hernando, investigadora del CNIO y coautora principal.
Esto no significa que los hábitos o el entorno no influyan. Factores como la dieta, el peso o la inflamación pueden intervenir en el desarrollo del cáncer de próstata sin dejar una huella reconocible en el ADN.
Hacia biomarcadores más precisos
El hallazgo abre una posible vía para desarrollar biomarcadores capaces de identificar qué tumores tienen mayor riesgo de progresar y ayudar a personalizar los tratamientos.
Sin embargo, todavía queda trabajo antes de poder aplicar estos resultados en los hospitales. Será necesario convertir estas firmas en una prueba fiable y reproducible y demostrar en estudios clínicos que disponer de esa información mejora realmente las decisiones sobre el tratamiento.
Por tanto, el descubrimiento no cambiará de inmediato la atención de los pacientes, pero ofrece un nuevo mapa de los procesos biológicos que impulsan el cáncer de próstata y podría ayudar en el futuro a distinguir con mayor precisión qué tumores necesitan una vigilancia o tratamiento más intensivos.
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