Un programa desarrollado en Valencia ha conseguido que cerca de nueve de cada diez pacientes logren dejar de fumar tras un infarto. La intervención combina rehabilitación cardiaca, seguimiento médico, apoyo motivacional y tratamientos farmacológicos.
Abandonar el tabaco es una de las medidas más importantes para evitar nuevos problemas cardiovasculares después de un infarto, pero muchos pacientes continúan fumando incluso tras pasar por este episodio. Un equipo del Hospital Clínico Universitario de València, INCLIVA, CIBERCV y la Universitat de València ha probado una estrategia que integra el tratamiento del tabaquismo dentro de la propia rehabilitación cardiaca. De los 141 pacientes fumadores incluidos en el análisis, 126 mantenían la abstinencia al terminar esta fase del programa, una tasa del 89,4%. Entre quienes pudieron ser seguidos durante un año, casi ocho de cada diez continuaban sin fumar.
Tratamiento integral
La iniciativa forma parte del Programa de Rehabilitación Cardíaca del Hospital Clínico Universitario de València, que desde 2022 aborda de manera conjunta factores como el colesterol, la hipertensión, la diabetes, la alimentación, el ejercicio físico y el consumo de tabaco.
Entre los 101 pacientes de los que se disponía de seguimiento más prolongado, 80 seguían abstinentes al cumplirse un año, el 79,2%.
En lugar de tratar el tabaquismo como un problema separado, los cardiólogos lo incorporan al seguimiento habitual. La intervención sigue el modelo de las “5 A”: preguntar por el consumo, evaluar la dependencia, aconsejar, ayudar al paciente y organizar el seguimiento. A ello se suman entrevistas motivacionales y apoyo del resto del equipo de rehabilitación.
Cuando es necesario, también se prescriben medicamentos que ayudan a abandonar el tabaco, como citisina, bupropión o vareniclina, además de tratamientos sustitutivos de la nicotina. La estrategia se adapta a las necesidades y al grado de dependencia de cada paciente.
La clave, según los investigadores, está en aprovechar el momento posterior al infarto, cuando muchos pacientes están especialmente motivados para cambiar sus hábitos, y ofrecerles ayuda activa en lugar de limitarse a recomendar que abandonen el tabaco.

Nueve de cada diez pacientes consiguen dejar de fumar tras un infarto con una intervención integral
Resultados duraderos
Al finalizar la segunda fase de rehabilitación, después de un seguimiento medio de algo más de ocho meses desde el infarto, 126 de los 141 fumadores habían conseguido mantenerse sin fumar. Entre los 101 pacientes de los que se disponía de seguimiento más prolongado, 80 seguían abstinentes al cumplirse un año, el 79,2%.
Las cifras superan ampliamente las observadas habitualmente en grandes registros nacionales e internacionales, donde menos de la mitad de los pacientes consigue mantener la abstinencia a largo plazo después de un infarto.
Los investigadores observaron además que quienes continuaban fumando solían presentar una mayor exposición previa al tabaco y una peor adherencia a los tratamientos para dejarlo. También mostraban un peor control del colesterol LDL y más síntomas de ansiedad y depresión, lo que apunta a la necesidad de ofrecer un seguimiento todavía más personalizado a estos pacientes.
El trabajo es un registro prospectivo y no un ensayo aleatorizado con un grupo de comparación, por lo que los resultados deberán confirmarse en otros contextos. Aun así, muestra el potencial de integrar el abandono del tabaco como una parte más de la recuperación cardiaca, aprovechando cada visita médica para ayudar al paciente a reducir uno de sus principales factores de riesgo.









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