Un ensayo clínico de la Universidad de Edimburgo muestra que una terapia con macrófagos, células inmunitarias del propio paciente, podría abrir una nueva vía frente a la enfermedad hepática avanzada.
Una nueva terapia celular ha mostrado resultados esperanzadores para pacientes con cirrosis avanzada, una fase grave de la enfermedad hepática en la que el hígado está tan dañado y cicatrizado que apenas puede cumplir sus funciones. El tratamiento, desarrollado por investigadores de la Universidad de Edimburgo junto al Servicio Nacional Escocés de Transfusión de Sangre, utiliza células inmunitarias del propio paciente para intentar reducir la inflamación, actuar sobre el tejido cicatricial y favorecer la regeneración del hígado. Aunque todavía se trata de una terapia en investigación, los datos de seguimiento a cuatro años del ensayo clínico MATCH apuntan a una mejora significativa de la supervivencia sin necesidad de trasplante.
Terapia celular
La cirrosis avanzada aparece cuando el tejido sano del hígado se sustituye progresivamente por cicatrices, lo que impide que el órgano filtre toxinas, produzca proteínas esenciales y mantenga un flujo normal de sangre. En sus fases más graves puede provocar complicaciones como ascitis, hemorragias digestivas, infecciones o encefalopatía hepática.
Los expertos recuerdan que se trata de un ensayo pequeño y que todavía serán necesarios estudios más amplios.
Actualmente, el trasplante de hígado es la única opción curativa para muchos pacientes con enfermedad hepática terminal. Sin embargo, no todas las personas pueden acceder a él, ya sea por la falta de órganos disponibles, por el coste del procedimiento o porque su estado de salud no permite incluirlas en la lista de espera.
La nueva terapia se basa en los macrófagos, un tipo de glóbulo blanco capaz de “limpiar” células dañadas o infectadas. Para el tratamiento, los investigadores extraen células inmunitarias de la sangre del paciente, las transforman en macrófagos maduros en el laboratorio y después las reinyectan en el organismo.
Una vez administrados, estos macrófagos viajan al hígado, donde pueden ayudar a descomponer tejido cicatricial, reducir la inflamación perjudicial y estimular el crecimiento de células hepáticas sanas. La idea es aprovechar la capacidad natural de reparación del propio cuerpo para ofrecer una alternativa a pacientes que hoy tienen opciones muy limitadas.

La medicina regenerativa abre una vía prometedora para la cirrosis avanzada
Resultados prometedores
El ensayo clínico MATCH incluyó a 50 pacientes con cirrosis avanzada. De ellos, 26 recibieron la terapia con macrófagos y 24 continuaron con atención médica estándar. Tras cuatro años de seguimiento, el 70% de los pacientes tratados con la terapia celular seguía vivo sin necesidad de trasplante, frente al 40% de quienes recibieron solo el tratamiento habitual.
Además, entre los pacientes tratados con macrófagos se registraron ocho fallecimientos y ningún trasplante de hígado. En el grupo de atención estándar hubo nueve fallecimientos y cinco trasplantes. Los investigadores también destacan que no se notificaron efectos secundarios graves asociados a la terapia celular durante el seguimiento.
Estos resultados son importantes porque aportan información a largo plazo sobre la seguridad y el posible beneficio de la terapia. Aun así, los expertos recuerdan que se trata de un ensayo pequeño y que todavía serán necesarios estudios más amplios antes de que esta estrategia pueda incorporarse a la práctica clínica.
La investigación también ha servido como base para nuevos avances. La empresa derivada Resolution Therapeutics, cofundada por el profesor Stuart Forbes, está probando ahora una versión mejorada de esta terapia, conocida como RTX001, dentro del ensayo clínico EMERALD, que se desarrolla en hospitales del Reino Unido y España.
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