La pérdida de bosque en el Amazonas brasileño bajó un 23,5% en 2025 respecto al año anterior, mientras el conjunto de la deforestación nacional cayó un 21%.
El Amazonas suele aparecer en los titulares por todo lo que pierde. Por eso esta vez la noticia merece contarse al revés: Brasil ha reducido con fuerza la deforestación en su mayor selva. Según un nuevo balance, la deforestación en el bioma amazónico cayó un 23,5% en 2025 frente a 2024, y el descenso no fue aislado: en todo el país, la pérdida de bosque retrocedió un 21%. No significa que el problema esté resuelto, ni mucho menos, pero sí apunta a algo importante: cuando se refuerzan las políticas de control, la destrucción puede frenarse.
Menos pérdida
El dato central del informe es claro: la Amazonia brasileña perdió menos superficie forestal en 2025 que el año anterior. Y la mejora no se quedó solo en la selva amazónica. El balance nacional también fue positivo, con una caída del 21% en la pérdida forestal en todo Brasil, lo que refuerza la idea de que la reducción no es puntual, sino parte de una tendencia más amplia.
El Amazonas no solo es un símbolo global, también es una prueba de que proteger la naturaleza da resultados cuando se actúa con continuidad.
Además, otros datos recientes apuntan en la misma dirección. Según cifras oficiales citadas por Associated Press, la deforestación en la Amazonia fue un 61,4% más baja en mayo de 2026 que en mayo de 2025, y entre agosto de 2025 y mayo de 2026 el descenso interanual fue del 37,5%.

Brasil reduce la pérdida de bosque en el Amazonas y mejora también sus cifras nacionales
Cambio real
El contexto también importa. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha mantenido el compromiso de eliminar la deforestación para 2030, y los retrocesos registrados durante los años anteriores han empezado a revertirse con una vigilancia más intensa y un mayor control ambiental.
Aun así, la amenaza sigue ahí. La Amazonia continúa bajo presión por factores como la tala, los incendios, la expansión agroganadera y el cambio climático. Por eso, la buena noticia no está en pensar que todo está hecho, sino en comprobar que sí se puede avanzar cuando hay decisión política y seguimiento real.
La parte más esperanzadora es precisamente esa: el Amazonas no solo es un símbolo global, también es una prueba de que proteger la naturaleza da resultados cuando se actúa con continuidad. Y en un momento en que tantas noticias ambientales llegan en clave de pérdida, que una de las selvas más importantes del planeta retroceda menos es, sin duda, una noticia que merece abrirse paso.
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