El descubrimiento de nuevos tipos de aguacate podría ampliar las opciones de este superalimento y reforzar su resistencia

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Durante miles de años, agricultores de Centroamérica han cultivado aguacates muy diferentes de los que habitualmente llegan a los supermercados. Ahora, el análisis de estas variedades locales ha permitido conocer mejor su origen y el valor que pueden tener para el futuro de este cultivo.

El trabajo, publicado en la revista científica Plants, People, Planet, ha sido encabezado por el arqueobotánico Kevin Wann, investigador doctoral de la Universidad de Texas A&M que desarrolló parte del estudio en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian.

Una diversidad poco conocida

El equipo recogió hojas de aguacateros cultivados en Nicaragua, Honduras y el sur de México. En total, analizó el ADN de 47 variedades tradicionales —32 de ellas procedentes de Nicaragua— y lo comparó con los datos genéticos de más de 200 linajes de aguacate estudiados anteriormente.

Los resultados mostraron que los aguacates de las tierras bajas de Nicaragua son genéticamente distintos de las variedades comerciales y están relacionados con poblaciones situadas más al sur, especialmente en la costa de Colombia.

Los investigadores han documentado una diversidad de aguacates más amplia de la que se conocía hasta ahora.

Las huellas de un viaje de hace 5.000 años

El análisis genético también ha permitido reconstruir parte de la historia de estas plantas. Según los investigadores, poblaciones humanas habrían transportado aguacates desde Sudamérica hasta Centroamérica hace unos 5.000 años.

Al extenderse por las zonas húmedas de la región, estas plantas se cruzaron con variedades locales. Ese intercambio, unido al trabajo de generaciones de agricultores, favoreció la aparición de aguacates adaptados a diferentes condiciones ambientales.

El estudio refuerza así la idea de que las comunidades antiguas no solo se desplazaban por el continente, sino que también llevaban consigo los alimentos y cultivos que formaban parte de su vida cotidiana.

Una alternativa frente a la uniformidad

Más del 80 % de los aguacates producidos en el mundo pertenece a la variedad Hass. Para mantener sus características, los árboles se reproducen mediante injertos clonales, por lo que gran parte de los frutos comerciales son genéticamente muy similares.

Esta uniformidad facilita una producción estable, pero también implica que los cultivos pueden compartir la misma vulnerabilidad ante una enfermedad o una alteración de la temperatura y las precipitaciones.

Conservar variedades genéticamente diferentes puede ampliar las opciones disponibles frente a futuras amenazas.

Lo que han observado los agricultores

Además de estudiar el ADN, los científicos hablaron con agricultores y jardineros de Nicaragua y Honduras para conocer cómo cultivan y utilizan estos aguacates.

Los productores explicaron que las variedades de las tierras bajas no habían sufrido hasta ahora pudrición de las raíces, una de las enfermedades más frecuentes entre los aguacateros comerciales. Algunos agricultores ya utilizan árboles locales, mejor adaptados al entorno, como base sobre la que injertan ramas de variedades comerciales.

Esta información no demuestra todavía que sean resistentes a la enfermedad, pero señala características que podrán estudiarse con mayor profundidad. Las variedades locales también llevan generaciones creciendo en ambientes más cálidos y húmedos.

El siguiente paso será estudiar qué características concretas poseen y si pueden incorporarse a futuros programas de mejora agrícola. Por ahora, la investigación identifica en las tierras bajas de Centroamérica una fuente de diversidad que podría ayudar a reducir la dependencia de una única variedad comercial y ampliar las herramientas para proteger el cultivo del aguacate.

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