En 2025 se eliminaron al menos 603 presas, azudes, alcantarillas y otros obstáculos fluviales, una cifra histórica que ha permitido reconectar 3.740 kilómetros de ríos en todo el continente.
Europa ha alcanzado un nuevo récord en la recuperación de sus ríos. En 2025 se retiraron al menos 603 barreras fluviales en 29 países, según el informe de Dam Removal Europe, lo que supone un aumento del 11% respecto al récord anterior, registrado en 2024 con 542 eliminaciones. Estas actuaciones han permitido reconectar más de 3.740 kilómetros de cauces, facilitando el movimiento de peces y otras especies, restaurando el transporte natural de sedimentos y devolviendo dinamismo a ecosistemas que durante décadas estuvieron fragmentados por infraestructuras ya obsoletas. La noticia refuerza una tendencia positiva: cada vez más países europeos están apostando por retirar barreras que ya no cumplen una función útil y que, en cambio, siguen dañando la biodiversidad de agua dulce.
Restauración de ríos en Europa
El movimiento de eliminación de barreras fluviales encadena ya cinco años consecutivos batiendo récords en Europa. Desde el primer recuento continental realizado en 2020, las retiradas se han multiplicado por seis, lo que refleja un cambio de mentalidad cada vez más extendido: los ríos sanos no son solo paisajes naturales, sino infraestructuras vivas que ayudan a proteger frente a inundaciones, mejorar la seguridad hídrica y reforzar la resiliencia climática.
La Ley de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde 2024, incluye la meta de recuperar al menos 25.000 kilómetros de ríos de flujo libre para 2030.
Suecia lideró el ranking de 2025 con al menos 173 barreras eliminadas, seguida de Finlandia y España, que retiró 109 obstáculos. También hubo dos incorporaciones simbólicas al movimiento: Islandia y Macedonia del Norte eliminaron sus primeras barreras fluviales registradas, ampliando a 29 el número de países europeos que han participado en este tipo de restauración.
La mayoría de las barreras retiradas fueron estructuras pequeñas y obsoletas, como azudes, alcantarillas o presas de menos de dos metros de altura. Aunque puedan parecer elementos menores, su impacto acumulado es enorme: bloquean el paso de peces, interrumpen el flujo de nutrientes y sedimentos, modifican la temperatura del agua y empobrecen los hábitats fluviales. Por eso, su retirada suele considerarse una de las acciones de restauración más eficaces y rentables.
El caso de Islandia ilustra bien el sentido de estas actuaciones. En el río Melsá se demolió una antigua presa que había servido para alimentar una pequeña instalación hidroeléctrica agrícola, pero que ya no producía electricidad y seguía impidiendo la migración de peces. Tras la retirada, el cauce volvió a fluir libremente por primera vez en décadas.

Un récord de barreras retiradas impulsa la recuperación de los ríos europeos
Biodiversidad recuperada
La restauración de ríos es especialmente urgente en Europa, donde se estima que existen más de 1,2 millones de barreras fragmentando los cauces. Muchas de ellas ya no tienen uso, pero continúan alterando procesos naturales esenciales y dificultando la recuperación de especies acuáticas. Más de 150.000 de estas estructuras se consideran obsoletas.
La fragmentación fluvial ha contribuido al deterioro de la biodiversidad de agua dulce. El 42% de los peces de agua dulce de Europa están clasificados como amenazados, mientras que las poblaciones de peces migratorios de agua dulce del continente han caído un 75% desde 1970. Eliminar barreras permite que especies como salmones, truchas, anguilas y otros peces migratorios vuelvan a acceder a zonas de reproducción y alimentación.
Este avance también conecta con los objetivos ambientales de la Unión Europea. La Ley de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde 2024, incluye la meta de recuperar al menos 25.000 kilómetros de ríos de flujo libre para 2030. Las barreras retiradas en 2025 suponen un paso importante hacia ese objetivo y muestran que la restauración fluvial a gran escala ya está en marcha.
Aun así, los expertos recuerdan que no todas las presas pueden retirarse ni todos los ríos volverán a un estado completamente natural. Algunas infraestructuras siguen siendo necesarias para producir energía, almacenar agua o regar cultivos. La clave está en identificar qué barreras son realmente obsoletas, cuáles generan más daño ecológico que beneficio y dónde su eliminación puede abrir tramos largos de río sin comprometer usos esenciales.
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