El proyecto Pueblos con Semilla, nacido en Ara, rescata variedades agrícolas tradicionales de La Jacetania y Alto Gállego para conservar biodiversidad, apoyar la economía local y devolver al campo parte de su memoria.
En Ara, un pequeño pueblo del Pirineo aragonés que apenas cuenta con 40 habitantes en invierno, la innovación no ha llegado en forma de grandes máquinas ni tecnología sofisticada, sino dentro de sobres de papel llenos de semillas antiguas. Desde allí, la Fundación 3piedras impulsa Pueblos con Semilla, una iniciativa desarrollada junto a la Red de Semillas de Aragón y el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón para recuperar, conservar y multiplicar variedades agrícolas tradicionales de La Jacetania y Alto Gállego. El proyecto, ganador del primer premio Rural Emprende Aragón 2026, demuestra que el futuro del medio rural también puede estar escondido en aquello que parecía pertenecer al pasado.
Semillas vivas
Durante décadas, muchas variedades locales fueron desapareciendo de los huertos familiares. La modernización agrícola favoreció cultivos más homogéneos y productivos, pero también provocó una pérdida importante de diversidad genética y de conocimiento tradicional.
Recuperar variedades tradicionales significa proteger biodiversidad, reforzar la soberanía alimentaria y crear nuevas conexiones entre generaciones.
En ese proceso se fueron quedando atrás judías, tomates, lechugas, cereales y otras plantas adaptadas durante generaciones al clima, al suelo y a la forma de cultivar de cada territorio. Algunas sobrevivieron gracias a personas mayores que siguieron guardando semillas año tras año, como se había hecho siempre.
Pueblos con Semilla busca localizar ese patrimonio vivo y devolverlo a la tierra. No se trata de conservar las semillas como piezas de museo, sino de multiplicarlas, cultivarlas de nuevo y convertirlas en una herramienta útil para el presente.
Beatriz Bañales, directora de la Fundación 3piedras y cara visible de la iniciativa, resume el valor de este trabajo al recordar que cada semilla “guarda mucho más que una planta”: conserva adaptación al territorio, memoria agrícola y una forma de entender el campo que estaba en riesgo de desaparecer.

Semillas tradicionales guardadas durante generaciones vuelven a los huertos del Pirineo
Economía local
El proyecto nació durante la pandemia de 2020, cuando el cierre de viveros dejó a muchos vecinos sin semillas ni planteros para sus huertos. Lo que empezó como una necesidad doméstica acabó convirtiéndose en una red de recuperación, intercambio y cultivo de variedades tradicionales.
Desde entonces, la iniciativa ha crecido hasta convertirse en grupo de acción local del Alto Aragón dentro de la Red de Semillas de Aragón. Hoy cuenta con unos 40 guardianes de semillas y reúne a agricultores, hortelanos y vecinos comprometidos con la biodiversidad cultivada.
Hasta la fecha, el proyecto registra más de un centenar de referencias de 13 variedades distintas. Además, organiza talleres y encuentros formativos en localidades como Ara e Ibor, donde los participantes aprenden a preparar semilleros, seleccionar frutos y cuidar las plantas para evitar hibridaciones no deseadas.
La iniciativa también quiere generar actividad económica. A través de la alianza Del Surco al Mantel, Pueblos con Semilla busca conectar a productores y restauradores locales para que estas variedades recuperadas lleguen a mercados de proximidad, restaurantes y consumidores interesados en alimentos ligados a la identidad del territorio.
Futuro rural
El reconocimiento en los Premios Rural Emprende Aragón 2026 refuerza esa dimensión social y económica. La convocatoria premia proyectos capaces de aportar innovación, sostenibilidad, empleo y fijación de población en municipios de menos de 15.000 habitantes.
En el caso de Pueblos con Semilla, el jurado destacó su capacidad para convertir la biodiversidad agrícola y el patrimonio alimentario local en una oportunidad de desarrollo para pequeños municipios de la Val de Abena y su entorno.
Este proyecto muestra una forma sencilla y poderosa de mirar al medio rural: no como un lugar que espera soluciones externas, sino como un territorio que ya guarda recursos, saberes y semillas capaces de generar futuro.
Recuperar variedades tradicionales significa proteger biodiversidad, reforzar la soberanía alimentaria y crear nuevas conexiones entre generaciones. En Ara, sembrar una semilla antigua no es solo un gesto agrícola; es una manera de cuidar la memoria, activar la economía local y demostrar que innovar también puede ser volver a escuchar a la tierra.
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