Dice el refrán “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”. Es un dicho que todos recordamos y reconocemos como verdadero, pero ¿por qué lo son?¿Qué riqueza nos aporta la amistad?
El libro Bases para tu conducta fue escrito por el autor de Logosofía para brindar elementos a su hijo, y la amistad es uno de los conceptos a los que dio gran jerarquía. Así, podemos leer el primer párrafo sobre la amistad:
“Recuerda también que todo ser humano debe tener amigos. Los amigos se hacen por disposiciones mutuas al brindarse atenciones que inspiran a ambas partes reconocimiento y confianza.” (De la Sabiduría Logosófica).
Algo que percibo claramente es que al tratar conceptos elevados como la amistad, hablamos de manifestaciones sensibles, se perciben manifestaciones del amor actuando. Y de hecho podemos percibir con claridad cómo la amistad no es un mero acuerdo formal, un trato de mente a mente, sino que es un trato de corazón a corazón, donde las energías que se mueven son de una gran potencia.
Una pregunta que me surge y que he tratado de resolver durante mi vida y expongo en este artículo es la siguiente: ¿Por qué es tan natural tener amigos; y por qué el ser humano debe tener amigos? Una primera respuesta es que el ser humano no ha sido hecho para estar solo. Pero no debe ser lo único, seguro que hay algún secreto detrás del valor de la amistad y vamos a descubrirlo. Aquí mis primeras conclusiones.
Partiremos de la imagen de alguien que no tiene amigos, podemos deducir que será una vida solitaria, pero además transmite tristeza y desamparo.Si recordamos la película “Náufrago”, donde el protagonista, para evitar la locura, se inventa a su amigo “Wilson” a partir de un balón de fútbol, veremos que no podemos estar solos y necesitamos comunicarnos.
Aun así, vamos más allá, pensemos cada uno en un amigo o una amiga en concreto. Esa persona que recordamos nos aporta algo. Con toda seguridad, nosotros también le aportamos valor. Ese amigo o amiga ¿tiene ideas, gustos y costumbres afines a las mías? ¿Nos ofrecemos disposiciones mutuas? ¿Nos inspira reconocimiento y confianza?
Seguro que sí, pero evidentemente, eso no basta para considerar a alguien un AMIGO. Esa afinidad ayuda, pero la amistad se hace porque ambas personas mutuamente así lo quieren, y actúan de una manera concreta, ambas personas se ponen a disposición del otro. No es factible que yo sea tu amigo pero tú no seas mi amigo. En ese caso, ambos no comparten el mismo concepto de amistad.
Un amigo es eso y mucho más
Si bien la afinidad en ideas, gustos y costumbres ayudan a cimentar una amistad, tal como cita González Pecotche en su libro Bases para tu Conducta, en mi andar he podido comprobar que un amigo es un compañero de vida, un apoyo, una inspiración y alguien que me ayuda a ser mejor y a superarme. He comprobado una y mil veces que la trascendencia de una amistad consiste en que me inspira y me ayuda a superar mis cualidades internas, ser un mejor ser humano para mí y para los demás y, evolucionar.
Siendo un valor tan estimable, otro aspecto fundamental para mantener una amistad es el respeto. Respetar, etimológicamente, viene de “re” (volver a) y “spectare” (observar). Para mí respetar era “haz lo que consideres, no te juzgo” pero con esa etimología pensé en ir un poquito más lejos.
Pensé que al amigo hemos de “volver a observarle”, cuando algo que hace no nos gusta, que no estamos de acuerdo o pensamos que ha errado, hemos de “volver a observar” esa actuación, no quedándonos con el hecho superficialmente. Respetar es aquí pensar acerca de los pensamientos que le han guiado a ese error, intentar comprender por qué lo hizo, ponernos en su piel.

Una falta de respeto muy habitual
Por ejemplo, en una ocasión hice una broma a un amigo donde destaqué un error suyo. Es decir, criticar disfrazado de broma. Era una broma común y que hemos hecho mil veces, pero a través de la expresión de su cara vi claramente que a él no le gustó nada. Eso me hizo darme cuenta al instante de que no había sido oportuno y pude enmendarlo con una disculpa. Ser consciente del afecto que le tengo, hizo que pudiera enmendar mi conducta rápidamente, me hizo un poco mejor, ya que debo aprender de todas las experiencias que viva.
Respetar es también comprender que la otra persona es otro ser, similar a mí, tan libre como lo soy yo, un ser que está aprendiendo, y que tiene derecho a tomar sus propias decisiones y a equivocarse. Y si podemos ayudarle, porque tenemos el conocimiento que hace falta para trascender una situación, ofrecérselo oportunamente cuando el otro tenga la mejor disposición para comprenderlo, cuando la circunstancia invite a ello.
En la sociedad actual parece que el respeto no es una característica que predomine, somos influenciados sin querer por los pensamientos de nuestro entorno y la gente se trata muchas veces con rudeza, sin afecto… y sin respeto.
De hecho, en otro artículo, el autor comenta que es precisamente la falta de respeto lo que podría terminar con una amistad y enseña que: “La tolerancia termina cuando empieza el abuso”.

En conclusión, pensaba que los amigos son esa parte de la familia que elegimos, que cuidamos y apoyamos lo mejor que sabemos, con nuestras virtudes, con nuestros conocimientos y con nuestro afecto, y sabemos que también lo recibiremos cuando lo precisemos. Y eso es imprescindible para que evolucionemos.
Pensando en el amigo que visualizamos al principio, ¡cuánta gratitud le debemos! Podemos desde hoy mismo, empeñarnos en demostrárselo.
Redacción: Javier González de Pedro-Juan 55 años, investigador y docente de Logosofía desde 2001, farmacéutico y padre de dos preciosas hijas.









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