Dos pacientes trasplantados llevan más de cinco años sin rechazo gracias a una estrategia que reduce al mínimo la inmunosupresión

Dos pacientes trasplantados llevan más de cinco años sin rechazo gracias a una estrategia que reduce al mínimo la inmunosupresión.

La estrategia combina el trasplante del órgano con un posterior trasplante de células madre de la sangre procedentes del mismo donante. Los resultados, publicados en la revista Communications Medicine, del grupo Nature, buscan avanzar hacia uno de los grandes retos de los trasplantes: conseguir que el sistema inmunitario tolere el nuevo órgano reduciendo la necesidad de tomar medicamentos antirrechazo durante toda la vida.

Enseñar al sistema inmunitario a aceptar el órgano

Cuando una persona recibe un órgano trasplantado, su sistema inmunitario puede reconocerlo como extraño y atacarlo. Para evitarlo, los pacientes suelen necesitar tratamientos inmunosupresores de forma prolongada.

Estos medicamentos son esenciales para evitar el rechazo, pero su uso crónico puede aumentar el riesgo de complicaciones como infecciones, enfermedades cardiovasculares o determinados tipos de cáncer.

El equipo de La Paz probó una estrategia diferente en dos pacientes con antecedentes especialmente complejos. Después del trasplante de órganos, ambos recibieron células madre hematopoyéticas procedentes del mismo donante, previamente tratadas para eliminar determinados linfocitos T vírgenes, células capaces de participar en reacciones inmunitarias contra tejidos desconocidos.

También recibieron posteriormente linfocitos T de memoria del donante, que conservan capacidad para responder frente a infecciones pero presentan una menor tendencia a reaccionar contra los tejidos del receptor.

Más de cinco años sin rechazo

Uno de los participantes era un adolescente de 15 años que había sufrido varios episodios de rechazo y necesitó un nuevo trasplante multivisceral junto con un trasplante renal. El segundo caso correspondía a una mujer de 49 años que había recibido anteriormente varios trasplantes de riñón y había sufrido episodios de rechazo.

Más de seis años después del procedimiento en el primer paciente y más de cinco años después en la segunda, ninguno presenta signos de rechazo del órgano.

El primero se mantiene únicamente con sirolimus y la segunda con tacrolimus como tratamiento inmunosupresor. Los investigadores comprobaron además que sus sistemas inmunitarios conservaban capacidad para responder frente a infecciones como el citomegalovirus.

La técnica consiguió generar temporalmente lo que se conoce como quimerismo mixto, una situación en la que conviven en el organismo células inmunitarias del receptor y del donante. Este fenómeno puede favorecer que el sistema inmunitario aprenda a tolerar el órgano trasplantado.

Todavía no permite abandonar completamente la medicación

Los propios investigadores subrayan una limitación importante: los dos pacientes continúan necesitando medicación antirrechazo, aunque en cantidades muy reducidas.

Por tanto, el estudio no demuestra todavía que esta estrategia permita prescindir por completo de la inmunosupresión. Además, se trata únicamente de dos casos y será necesario comprobar tanto su seguridad como su eficacia en grupos más amplios de pacientes antes de poder aplicarla de forma generalizada.

El siguiente paso ya está en marcha

Los resultados han servido como base para poner en marcha en el Hospital Universitario La Paz un ensayo clínico de fase I que estudiará esta estrategia en diez pacientes sometidos a trasplantes intestinales, renales o pulmonares.

Durante el ensayo se evaluará si administrar células madre hematopoyéticas del donante después del trasplante puede favorecer la tolerancia del nuevo órgano y permitir reducir de forma segura los tratamientos inmunosupresores. Los participantes serán seguidos durante 24 meses.

Aunque aún queda camino por recorrer, los resultados de estos dos primeros casos ofrecen una prueba de concepto de que podría ser posible mantener durante años un órgano trasplantado con una inmunosupresión mucho menor, reduciendo en el futuro algunas de las complicaciones asociadas al tratamiento de por vida.

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