El Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid fabrica mascarillas adaptadas a la cara de cada recién nacido para mejorar el soporte respiratorio de bebés que pueden pesar incluso menos de 750 gramos. La tecnología se está evaluando ahora en un ensayo clínico para comprobar su eficacia y seguridad.
Los bebés que nacen de forma prematura y con un peso muy bajo pueden necesitar ayuda para respirar durante sus primeras semanas de vida. Sin embargo, cuando son especialmente pequeños, incluso las mascarillas comerciales de menor tamaño pueden quedarles demasiado grandes.
Los bebés que nacen de forma prematura y con un peso muy bajo pueden necesitar ayuda para respirar durante sus primeras semanas de vida. Sin embargo, cuando son especialmente pequeños, incluso las mascarillas comerciales de menor tamaño pueden quedarles demasiado grandes.
Para intentar resolver este problema, el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid está fabricando mascarillas nasales personalizadas mediante tecnología 3D, diseñadas específicamente a partir de la anatomía facial de cada recién nacido.
El objetivo es conseguir que el soporte respiratorio se adapte al bebé y no que sea el bebé quien tenga que adaptarse a una mascarilla de tamaño estándar.
El proyecto está dirigido especialmente a bebés que pesan menos de 1.500 gramos y puede utilizarse también con recién nacidos de menos de 750 gramos. Algunos de los pacientes atendidos en el hospital llegan a pesar apenas 500 gramos al nacer.
Una mascarilla diseñada para cada bebé
La mayoría de los recién nacidos con menos de 1.500 gramos necesitan algún tipo de apoyo respiratorio. Siempre que su situación médica lo permita, los profesionales pueden recurrir a la ventilación no invasiva, que proporciona esa ayuda sin necesidad de introducir un tubo en la tráquea.
El problema aparece cuando las mascarillas disponibles no se ajustan correctamente a caras tan pequeñas. Las nuevas piezas buscan adaptarse mejor a cada bebé, transmitir adecuadamente el soporte respiratorio y reducir posibles lesiones en la piel y el tabique nasal.
Una mejor adaptación podría ayudar además a evitar fugas de aire y a reducir la presión que estos dispositivos ejercen sobre zonas especialmente delicadas de la cara.
Del escáner 3D a una mascarilla de silicona
El proceso comienza con un escaneado tridimensional de la cara del recién nacido. Es un procedimiento indoloro que, siempre que es posible, se realiza incluso mientras el bebé permanece en contacto con sus padres mediante el método canguro.
Con esa imagen, los ingenieros de la Unidad de Tecnologías Avanzadas en Diseño e Impresión 3D del hospital crean un modelo digital y fabrican mediante impresión 3D un molde personalizado. Después, este molde se utiliza para producir la mascarilla definitiva con silicona biocompatible de uso clínico.
Cada mascarilla se fabrica a partir de las medidas concretas del recién nacido, lo que permite tener en cuenta anatomías para las que los modelos comerciales pueden resultar demasiado grandes.
Antes de utilizarla, la pieza pasa por un proceso de desinfección y esterilización. Actualmente, todo el procedimiento puede completarse en un plazo de entre tres y siete días, algo especialmente importante porque los bebés prematuros cambian rápidamente durante sus primeras semanas de vida.
La tecnología permite incluso fabricar nuevas mascarillas conforme el bebé crece y cambian las dimensiones de su rostro.
Un ensayo para comprobar sus beneficios
La iniciativa forma parte de un ensayo clínico financiado por el Instituto de Salud Carlos III. Uno de sus principales objetivos será comprobar si estas mascarillas consiguen mantener más estables los niveles de oxígeno en sangre que los modelos convencionales.
La investigación parte de un pequeño estudio piloto previo realizado por el propio Servicio de Neonatología. Aquel trabajo mostró que era posible fabricar y utilizar este tipo de mascarillas y apuntó a una mejora de algunos parámetros respiratorios, aunque el número de pacientes estudiados era muy reducido.
El nuevo ensayo permitirá comprobar con un mayor número de bebés si esa personalización se traduce realmente en una mejora clínica.
dPor eso, los investigadores estudiarán ahora con mayor solidez su eficacia, seguridad e impacto en los recién nacidos.
Si los resultados confirman sus ventajas, la impresión 3D podría convertirse en una herramienta para ofrecer un soporte respiratorio cada vez más personalizado a algunos de los bebés más pequeños y vulnerables, adaptando los dispositivos médicos a sus necesidades desde sus primeros días de vida.
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