El Hospital Sant Joan de Déu logra implantar con éxito el dispositivo cardíaco más pequeño del mundo a una bebé prematura de apenas 2,1 kilos.
La medicina pediátrica ha dado un nuevo paso adelante gracias a un logro clínico alcanzado en Barcelona. El equipo del Hospital Sant Joan de Déu ha implantado con éxito el marcapasos más pequeño del mundo —de apenas dos centímetros— a una recién nacida prematura que presentaba una grave alteración cardíaca detectada durante el embarazo.
Tras la intervención, la pequeña ha evolucionado favorablemente y, después de 20 días ingresada en el hospital, ha recibido el alta médica. Según el equipo sanitario, podrá llevar una vida normal con controles periódicos.
Un diagnóstico complejo antes del nacimiento
La situación comenzó a detectarse durante el segundo trimestre del embarazo. Los especialistas observaron que el corazón del feto latía demasiado despacio y presentaba una dilatación significativa.
Las pruebas confirmaron que la bebé padecía un bloqueo auriculoventricular completo, una alteración grave del sistema eléctrico del corazón que impide que los impulsos eléctricos se transmitan correctamente entre las cavidades cardíacas.
Como consecuencia, el corazón late mucho más lentamente de lo normal, una condición conocida como bradicardia. Esta situación puede provocar que el organismo no reciba suficiente sangre y oxígeno, poniendo en riesgo la vida del paciente.
Además, para intentar compensar ese ritmo cardíaco lento, el corazón tiende a agrandarse, tal y como ocurrió en este caso.
Un parto adelantado para proteger la salud de la bebé
A finales de enero, los especialistas del hospital detectaron que el estado del feto empeoraba, por lo que decidieron adelantar el parto para poder intervenir cuanto antes.
La niña nació prematuramente el 2 de febrero con un peso de solo 2,1 kilos y presentaba una bradicardia severa que provocó un rápido deterioro clínico, con riesgo de fallo cardíaco.
Durante sus primeras horas de vida, los médicos implantaron un marcapasos provisional con el objetivo de estabilizarla. Sin embargo, los dispositivos convencionales presentan un problema importante en estos casos: su tamaño.
Los marcapasos habituales miden alrededor de seis centímetros, una dimensión demasiado grande para un recién nacido, lo que puede provocar complicaciones como compresión de órganos o infecciones.
El marcapasos más pequeño del mundo
Para superar esta limitación, el equipo del hospital trabajó junto con la empresa tecnológica Abbott para disponer de un dispositivo especialmente adaptado a bebés.
El resultado fue un marcapasos sincronizado basado en la plataforma AVEIR, reducido a aproximadamente dos centímetros, lo que lo convierte en el más pequeño del mundo en su categoría.
Este diminuto dispositivo permite estimular y coordinar el latido del corazón de manera adecuada, algo fundamental en un órgano tan pequeño y previamente dilatado.
“El nuevo marcapasos permite coordinar correctamente el latido del corazón, algo esencial en un órgano tan pequeño”, explicó Georgia Sarquella-Brugada, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica del hospital.
Una intervención de alta precisión
La implantación definitiva del dispositivo se realizó pocas horas después del nacimiento y fue llevada a cabo por el equipo de cirugía cardíaca del hospital, liderado por el doctor Stefano Congiu, y contó con la participación de 16 profesionales de distintas especialidades, además de ingenieros especializados en dispositivos médicos.
La coordinación entre cardiólogos pediátricos, cirujanos cardíacos, anestesistas, neonatólogos y especialistas en tecnología médica fue clave para que la operación se desarrollara con éxito.
El procedimiento permitió que el nuevo marcapasos asumiera el control del ritmo cardíaco de la bebé, estabilizando su estado y permitiendo su recuperación progresiva durante las semanas posteriores. Tras permanecer 20 días hospitalizada, la niña recibió el alta médica y se encuentra en buen estado de salud.
Este avance representa una esperanza para los casos más delicados de cardiología neonatal, en los que el tamaño del paciente supone un desafío adicional para la tecnología médica disponible.









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