Un hombre de 72 años que convivía desde hacía años con un fuerte temblor en la mano derecha ha conseguido controlarlo tras someterse a un tratamiento con ultrasonidos focalizados guiados por resonancia magnética.
Durante años, el temblor había convertido tareas aparentemente sencillas en un desafío para Bud Leavell. Diagnosticado de párkinson en 2017, tenía dificultades para utilizar el ratón del ordenador, comer con cubiertos o realizar movimientos precisos con su mano dominante.
También había tenido que limitar una de sus grandes aficiones: reparar radios antiguas.
El pasado 13 de abril se sometió en el UT Southwestern Medical Center, en Estados Unidos, a un procedimiento de ultrasonidos focalizados guiados por resonancia magnética.
Según explicó el neurorradiólogo Bhavya Shah, encargado de su tratamiento, el temblor respondió ya a las primeras emisiones de baja energía empleadas para comprobar que habían localizado correctamente el objetivo cerebral.
Después del procedimiento, el temblor de su mano derecha desapareció. En la última revisión mencionada por el especialista continuaba controlado, y Leavell había podido volver a manejar herramientas, comer con más facilidad y retomar sus trabajos con radios antiguas.
Tras la intervención, el paciente pudo recuperar tareas cotidianas y aficiones que el temblor le había dificultado durante años.
Ultrasonidos que actúan sin abrir el cráneo
La técnica utiliza ondas de ultrasonido de alta intensidad que atraviesan el cráneo y concentran su energía en un punto muy concreto del cerebro.
Todo el proceso se controla mediante resonancia magnética, lo que permite a los médicos localizar la zona que quieren tratar y vigilar su temperatura. La energía concentrada destruye una pequeña cantidad de tejido relacionado con los síntomas motores, sin necesidad de realizar incisiones ni implantar electrodos.
Antes de hacerlo de forma definitiva, los especialistas pueden comenzar utilizando niveles bajos de energía y comprobar en tiempo real cómo responde el paciente.
El procedimiento permite actuar sobre una zona concreta del cerebro sin abrir el cráneo ni dejar dispositivos implantados.
Este tipo de tratamiento no sustituye de forma general a los medicamentos. Se plantea en pacientes seleccionados cuyos síntomas no responden suficientemente al tratamiento farmacológico o siguen provocándoles importantes limitaciones.
Resultados que van más allá de este caso
La experiencia de Leavell es un caso individual y, por sí sola, no permite determinar cómo funciona el procedimiento en todas las personas con párkinson.
Sin embargo, existen investigaciones más amplias que respaldan el potencial de los ultrasonidos focalizados. Un estudio multicéntrico publicado en 2026 en The Lancet Neurology siguió a 54 personas con párkinson avanzado tratadas mediante esta tecnología.
Los investigadores observaron mejoras de los síntomas motores que se mantuvieron durante el seguimiento, aunque también registraron efectos adversos, especialmente cuando posteriormente se trataba el segundo lado del cerebro.
La FDA estadounidense ha autorizado distintas aplicaciones de los ultrasonidos focalizados para determinados pacientes con párkinson cuyos síntomas motores no se controlan adecuadamente con medicación.
Los resultados clínicos sugieren que los ultrasonidos focalizados pueden mejorar determinados síntomas motores en pacientes cuidadosamente seleccionados.
No cura el párkinson
Pese a los resultados obtenidos, este procedimiento no cura ni detiene la progresión de la enfermedad.
Además, al producir una pequeña lesión permanente en el cerebro, no puede reajustarse posteriormente como sí ocurre con la estimulación cerebral profunda, que utiliza electrodos implantados y programables.
Entre los posibles efectos adversos se encuentran problemas de equilibrio o de la marcha, alteraciones del habla o la deglución, hormigueo, debilidad y dificultades de coordinación. Algunas de estas complicaciones pueden mantenerse a largo plazo.
Por eso, la selección de los pacientes resulta especialmente importante.
La técnica no cura el párkinson, pero amplía las opciones disponibles para controlar algunos de sus síntomas motores.
Con estas cautelas, los ultrasonidos focalizados ofrecen una alternativa menos invasiva para algunas personas con párkinson cuyos síntomas siguen condicionando su día a día a pesar de la medicación.
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