Valladolid y Valencia podrían revolucionar el tratamiento del infarto

Valladolid podría revolucionar el tratamiento del infarto
Valladolid y Valencia podrían revolucionar el tratamiento del infarto

El Hospital Clínico Universitario de Valladolid y el Hospital de la Fe de Valencia están a la cabeza el proyecto COPERNICAN, una iniciativa que busca transformar el tratamiento de las cardiopatías isquémicas. El proyecto evalúa una estrategia innovadora que se basa en el uso de balones farmacoactivos frente al implante tradicional de stents. Todo con el objetivo de tratar la arteria obstruida sin dejar una prótesis permanente en el corazón, es decir, implicaría pasar de reparar la arteria coronaria a curarla en los casos de infarto.

Tratamiento del infarto

El proyecto ha conseguido una financiación de 3,1 millones de euros de la convocatoria europea ERA4Health, dentro del programa Horizonte Europa. Está liderado por Ignacio Amat-Santos, cardiólogo intervencionista del Hospital Clínico Universitario de Valladolid e investigador del Instituto de Ciencias del Corazón (ICICOR), y su homólogo Jorge Sanz Sánchez en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia.

El objetivo es «disminuir al año de seguimiento el número de reintervenciones y la mortalidad».

Gracias a la obtención de este capital han logrado pasar de contar con el apoyo de 14 centros españoles en un estudio nacional sin financiación, a añadir seis hospitales más y ampliar el estudio a Francia e Italia, que participan con cinco centros en cada caso.

El ensayo clínico busca contar más de 1.400 pacientes y comparar los resultados entre el uso de balones farmacoactivos frente al implante de stent en pacientes que presentan infarto agudo de miocardio. El objetivo, evaluar una alternativa al tratamiento estándar, la implantación de stents para mantener abiertas las arterias coronarias obstruidas.

“Cuando un paciente sufre un infarto, es una situación grave, en la que puede fallecer”, explica Amat. En esta situación, el manejo se basa en un cateterismo urgente, con el que se ve la arteria coronaria del paciente que se ha obstruido bruscamente causando el infarto agudo de miocardio, y para resolverlo, se desobstruye.

“En la práctica clínica habitual, ese procedimiento se completa con la implantación de un stent, como un muelle metálico que asegura que esa arteria no se vuelva a cerrar”, señala. Amat precisa que ese abordaje, que ha salvado muchas vidas y ha mejorado mucho la supervivencia del infarto, implica dejar una “prótesis metálica dentro de una coronaria” con algunas limitaciones a largo plazo.

Trabajan para revolucionar el tratamiento del infarto en Valladolid

Reducción de riesgos

“El stent, aunque ha mejorado el pronóstico de los infartos, tiene sus limitaciones: se puede volver a estrechar y se puede trombosar causando un infarto, porque es un cuerpo extraño que dejamos en el corazón. El objetivo de este estudio es no dejar una prótesis, sino dilatar sólo con un balón que lleva un fármaco antiproliferativo que impide que esa arteria se vuelva a estrechar», afirma Amat.

Son fármacos similares a los que se utilizan en Oncología, con efectos distintos al stent. “Cuando ponemos un stent nos aseguramos de que la arteria queda bien dilatada y que la sangre pasa normalmente. Pero a lo largo de los años se va produciendo cicatrización por dentro del stent que va estrechando el vaso”. Cuando la arteria se dilata con “un fármaco antiproliferativo, gana diámetro, en lugar de ir perdiéndolo a lo largo del tiempo, y al no haber un material protésico en contacto con la sangre se reduce el riesgo de que se produzca una trombosis”.

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