La aplicación doMate, creada por tres jóvenes de la Universitat Politècnica de València, quiere conectar a inquilinos compatibles entre sí y fiables para los propietarios con dueños o gestores de viviendas compartidas que trabajen de forma profesional y con buena reputación.
Encontrar una habitación es solo la mitad del problema cuando alguien se muda a un piso compartido. La otra mitad empieza después: convivir con desconocidos, resolver conflictos, entenderse con el casero y descubrir si el lugar en el que uno va a vivir de verdad se parece a lo que parecía desde fuera. A partir de esa experiencia tan común, tres estudiantes valencianos han decidido poner en marcha una solución concreta. Se llama doMate y es una app gratuita nacida en la UPV que aspira a hacer más fácil, más transparente y menos aleatoria la vida en pisos compartidos. La buena noticia no está solo en que hayan creado una herramienta útil, sino en que lo han hecho pensando en uno de los problemas cotidianos que más condicionan la vida de miles de jóvenes: no basta con encontrar casa, también hay que poder vivir bien en ella.
Cómo nació
El proyecto ha sido creado por Arnau Bernabéu Corbí, estudiante del Máster Universitario en Ingeniería de Telecomunicación, junto a Juan Company Canet y Samuel Ruiz Tébar, recién egresados del Doble Grado en Administración y Dirección de Empresas e Informática de la UPV. Según explican las fuentes, la idea venía de años atrás, pero terminó tomando forma real en 2025, cuando los tres empezaron a trabajar juntos en el desarrollo del producto y del modelo de negocio.
“Las dos partes toman decisiones informadas, y desaparece la lotería de ‘a ver con quién me toca’”.
Arnau resume el origen de la iniciativa con una frase muy clara: “La convivencia en el piso no debería ser una apuesta”. También explica que descubrió el verdadero problema al vivir de cerca lo que supone compartir casa con desconocidos: “Me di cuenta de que el verdadero reto llega después de encontrar vivienda: la convivencia, la comunicación, los conflictos”.
Con esa idea de fondo, doMate busca conectar no solo a personas que necesitan una habitación, sino a perfiles que realmente encajen entre sí. La app también pone el foco en la relación con los propietarios, tratando de facilitar que ambas partes puedan tomar decisiones más informadas antes de compartir techo durante meses o años.

Tres jóvenes valencianos crean una app para pisos compartidos que conectará mejor a inquilinos y propietarios
Qué propone
Una de las señas de identidad de doMate es que la aplicación es gratuita para los inquilinos. Los creadores explican que no tendría sentido cargar más costes sobre quienes ya sufren dificultades para acceder a la vivienda. Durante las primeras semanas también es gratuita para propietarios e inmobiliarias, y después el modelo prevé que los propietarios privados puedan publicar hasta dos pisos gratis y paguen una tarifa a partir del tercero, mientras que las agencias tendrán precios según el volumen que gestionen.
Otro rasgo diferencial es su sistema de reputación. En palabras de Arnau, en la app “la visibilidad no se compra, se gana”. Eso significa que propietarios e inmobiliarias destacan por acumular buenas valoraciones de los inquilinos con los que han tratado, y no por pagar más para aparecer mejor posicionados. Según sus creadores, el sistema quiere premiar a quien se comporta bien y dar más peso a la experiencia real de quienes ya han convivido o alquilado allí.
La aplicación también intenta equilibrar dos vínculos que normalmente se valoran por separado: el de inquilino-propietario y el de inquilino-inquilino. Como explican sus impulsores, la clave está en ofrecer información suficiente para que desaparezca la sensación de lotería. Arnau lo resume así: “Las dos partes toman decisiones informadas, y desaparece la lotería de ‘a ver con quién me toca’”.
En medio de una crisis de acceso a la vivienda que muchas veces obliga a compartir piso sin demasiadas garantías, tres jóvenes han decidido atacar un problema muy concreto y muy cotidiano. Y aunque doMate acaba de empezar, su propuesta apunta justo a donde más suele doler la experiencia de compartir casa: no solo encontrar sitio, sino encontrar convivencia.
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