Las baterías de sodio están cada vez más cerca de convertirse en una alternativa comercial a las actuales baterías de litio. Este elemento es abundante, fácil de obtener y podría reducir la dependencia de algunas materias primas críticas, mientras los últimos avances consiguen acercar cada vez más su capacidad de almacenamiento a la de tecnologías ya consolidadas.
Durante décadas, el litio ha sido uno de los grandes protagonistas del almacenamiento de energía. Está presente en teléfonos, ordenadores, vehículos eléctricos y grandes instalaciones conectadas a redes renovables. Pero investigadores y fabricantes buscan alternativas que permitan diversificar las materias primas necesarias para fabricar millones de nuevas baterías. Entre ellas destaca el sodio, un elemento mucho más abundante que el litio y presente, entre otros lugares, en la sal común. Las baterías basadas en este elemento ya están entrando en producción y diferentes análisis apuntan a que se encuentran cada vez más cerca de competir en aplicaciones comerciales.
Más abundante
Una de las grandes ventajas del sodio es su disponibilidad. A diferencia del litio, cuyos depósitos económicamente explotables están concentrados en determinadas regiones del planeta, el sodio se encuentra en grandes cantidades y puede obtenerse a partir de recursos mucho más extendidos.
Algunas baterías de sodio pueden reducir la necesidad de litio, níquel, cobalto o manganeso.
Un estudio de Fraunhofer FFB y la Universidad de Münster analizó distintas químicas de baterías de sodio utilizando datos industriales correspondientes a plantas de producción de gran escala. Los investigadores concluyeron que la tecnología está cerca de la producción industrial masiva, especialmente en aplicaciones donde la densidad energética no sea el requisito principal.
El análisis muestra además que no todas las baterías de sodio ofrecen el mismo rendimiento. Algunas configuraciones, especialmente las que utilizan cátodos de óxidos laminares, alcanzan densidades energéticas significativamente mayores que otras y podrían seguir reduciendo la distancia frente a las baterías de litio.
Su fabricación podría beneficiarse también de algo importante: las baterías de sodio tienen una arquitectura similar a las de ion-litio. Esto permite que parte de las actuales líneas de producción puedan adaptarse con menos cambios que los necesarios para desarrollar tecnologías completamente nuevas.

Las baterías de sodio avanzan como una alternativa más sostenible para los coches eléctricos
Menos dependencia
Otra de las ventajas potenciales está en los materiales utilizados. Algunas baterías de sodio pueden reducir la necesidad de litio, níquel, cobalto o manganeso, materias primas cuya extracción puede generar importantes impactos ambientales y sociales.
El uso de carbono duro como material del ánodo ofrece además una huella climática competitiva frente al grafito sintético utilizado habitualmente en las baterías de litio. Su fabricación requiere menos energía, lo que puede traducirse tanto en menores emisiones como en una reducción de costes.
Todavía quedan retos. En muchas configuraciones actuales, las baterías de sodio almacenan menos energía por unidad de peso o volumen que algunas alternativas de litio. Sin embargo, los investigadores consideran que nuevas mejoras en los materiales podrían estrechar esa diferencia en los próximos años.
La industria ya empieza a moverse en esa dirección. Las baterías de sodio están entrando en producción comercial y grandes fabricantes trabajan en ampliar su escala. No serán necesariamente la solución adecuada para todos los dispositivos o vehículos, pero podrían sumar una nueva opción para almacenar energía con materias primas más abundantes y cadenas de suministro más diversificadas.
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