Un estudio de la Universidad de Pittsburgh ha identificado un mecanismo que podría ayudar a comprender y reducir los efectos adversos de la inmunoterapia contra el cáncer. Los investigadores señalan a un tipo de células inmunitarias inestables como una pieza clave de estas reacciones y han observado en ratones que estabilizarlas puede disminuir la inflamación. El trabajo también relaciona la dieta y el microbioma intestinal con la gravedad de estos efectos secundarios.
Las inmunoterapias conocidas como inhibidores de puntos de control ayudan al sistema inmunitario a reconocer y atacar los tumores, pero esa activación puede alcanzar también tejidos sanos. Dependiendo del tratamiento, entre el 20% y el 40% de los pacientes puede sufrir efectos adversos inmunitarios, y hasta una cuarta parte desarrolla complicaciones graves que pueden requerir hospitalización e incluso obligar a interrumpir la terapia. El nuevo trabajo busca entender por qué algunas personas son especialmente vulnerables y cómo evitarlo sin reducir la capacidad del tratamiento para combatir el cáncer.
Células inestables
El equipo puso el foco en los linfocitos T reguladores, células cuya función habitual es impedir que el sistema inmunitario responda de forma excesiva y dañe los propios tejidos. Los investigadores descubrieron que, bajo determinadas condiciones, estas células pueden volverse “frágiles” y perder parte de esa capacidad protectora.
En los animales, cambiar a una dieta rica en fibra o administrar determinados metabolitos también redujo la susceptibilidad a los efectos adversos.
Para estudiar el fenómeno desarrollaron un nuevo modelo con ratones alimentados con una dieta de estilo occidental, baja en fibra y rica en grasas y carbohidratos procesados. Al recibir inmunoterapia, los animales presentaron inflamación y alteraciones inmunitarias similares a las observadas en pacientes con efectos adversos graves.
Esa misma fragilidad apareció después en linfocitos T reguladores obtenidos de pacientes que habían sufrido reacciones graves a la inmunoterapia, pero no en quienes habían tolerado mejor el tratamiento. Esto permitió identificar un posible mecanismo compartido entre el modelo experimental y las personas.
Cuando los científicos consiguieron devolver estabilidad a estas células en los ratones, la gravedad de los efectos secundarios disminuyó significativamente. Una de las estrategias consistió en bloquear de forma selectiva una señal inmunitaria en los linfocitos reguladores, abriendo una posible vía para desarrollar tratamientos más específicos.

Descubren por qué algunas personas sufren efectos adversos graves de la inmunoterapia
Microbioma intestinal
El estudio también encontró una relación estrecha con las bacterias intestinales. Los ratones alimentados con la dieta occidental presentaban cambios en su microbioma similares a los encontrados en personas que experimentaban inflamación asociada a la inmunoterapia.
Los trasplantes de microbiota reforzaron esta relación: transferir microorganismos de animales con mayor susceptibilidad podía aumentar la inflamación en otros ratones. Los investigadores obtuvieron resultados similares al utilizar microbiota procedente de pacientes que seguían dietas de estilo occidental.
En los animales, cambiar a una dieta rica en fibra o administrar determinados metabolitos también redujo la susceptibilidad a los efectos adversos. Sin embargo, los autores subrayan que estos resultados no permiten todavía recomendar cambios dietéticos concretos a pacientes en tratamiento, ya que serán necesarios estudios clínicos para comprobar si el mismo efecto se reproduce en personas.
El objetivo ahora es identificar fármacos capaces de actuar sobre estas vías sin interferir con la respuesta contra el tumor. Si se confirma en humanos, el hallazgo podría ayudar a resolver uno de los grandes retos de la inmunoterapia: mantener su capacidad para combatir el cáncer mientras se protege mejor al resto del organismo.
Fuente:









0 comentarios